Decir adiós a más de siete siglos de historia siempre es un golpe duro. Esto es lo que ocurrirá en Polonia con el cierre, a principios del próximo año, de Namysłów, la cervecera que proclama ser la más antigua de ese país de Europa del Este.
Desde 2018, tanto la planta de producción de Namysłów como la marca de cerveza homónima pertenecen a la cervecera polaca Żywiec que, a su vez, está controlada por el gigante holandés Heineken. Namysłów fue adquirida aquel año por 500 millones de zlotys -unos 115 millones de euros- a un grupo inversor estadounidense. Ya en los primeros compases de la operación muchos expresaron sus dudas sobre el futuro de la cervecería bajo la dirección del nuevo propietario internacional.
Sobre todo, teniendo en cuenta los antecedentes de Żywiec. En 2001, el grupo ya había cerrado otras dos históricas cervecerías, fundadas en 1834 y 1871 -las de Łańcut y Wrzeszcz, respectivamente- tras adquirirlas solo dos años atrás, en 1999. En junio de 2004 también sufrió tal aciago destino Browary Warszawskie -fundada en 1846, había sufrido graves daños durante la Segunda Guerra Mundial y había sido reconstruida bajo el régimen comunista- después de que el grupo Brau Union Polska pasase a integrar la estructura de Heineken.
Namysłów: el corazón histórico de la cerveza en el suroeste de Polonia
El gigante amparó tal cierre en el desarrollo de una estrategia empresarial que buscaba concentrar la producción en sus plantas más modernas. En 2006 la Cervecería de Bydgoszcz, también del XIX, corrió la misma suerte. Ahora, apenas una década después la realidad da la razón a los que profetizaron este camino también para Namysłów.
La cervecería se asienta en la ciudad del mismo nombre, una villa medieval que no alcanza los 17.000 habitantes y que se sitúa al suroeste polaco, en el voivodato de Opole, a las afueras de Breslavia. Sus edificios sirven de prueba de tal pasado y su situación la han hecho ser, ya desde su surgimiento, testigo y protagonista de invasiones y cambios de gobierno.
En el XIII sufrieron la invasión mongola y fue Boleslaw II el Calvo el que la refundió en 1249. Posteriormente sería colonizada por los alemanes durante el Ostsiedlung que se produjo en Europa Central y Oriental e incluso, durante el siglo XIV, fue ciudad independiente, favorecida por el comercio entre las ciudades de Wrocław y Cracovia. En torno al 1500 se hallaba bajo el control de las Casa de Habsburgo, y aunque las regiones próximas eran mayoritariamente germanoparlantes en Namysłów, con su arraigada identidad, se continuaba hablando polaco.
Saqueada durante la guerra de los Treinta Años, pasó al dominio de Prusia y durante las guerras napoleónicas fue ocupada por las tropas francesas volviendo al imperio germano durante la reunificación alemana. Como es lógico, no escapó a la invasión nazi ya en el XX y de hecho, se erigió cerca un subcampo del campo de concentración de Gross-Rosen. La ciudad, no obstante, contaba con un activo movimiento de resistencia.
En enero de 1945 llegó el Ejército Rojo y a su paso muchos de sus edificios quedaron destruidos. En abril de aquel mismo año pasó a la administración polaca y, tras la guerra, fue finalmente reintegrada a aquella nación, reivindicado oficialmente la identidad que había mantenido firmemente a lo largo de todos los siglos de idas y venidas.
El final de más de siete siglos de historia cervecera
Toda esta historia corre paralela a la de su tradición cervecera y la fabricación de esta bebida en la villa. Tal vinculación se da ya en sus primeros compases, con la primera mención en documentos oficiales en el año 1321. Aunque se reivindica como la cervecería polaca más antigua, como resulta habitual en estos casos, otra cervecería también del suroeste de este país, ubicada en la ciudad de Lwówek Śląski, defiende tener una tradición aún mayor, que se remontaría ya a 1209 y que, al igual que ocurre con Browar Namysłów habría sobrevivido a numerosas vicisitudes.
En todo caso, en Namysłów la comunidad habría girado desde siempre en torno a la bebida, en un primer momento unida esta fabricación a la actividad monástica y a los nobles locales. No en vano, hay indicios de que la producción de cerveza en Polonia se retrotrae ya a principios de la Edad Media; en monasterios y pequeñas cervecerías se elaboraban fermentados de cereal en el siglo X. Se sabe también que en 1348 -momento de la firma del Tratado de Namysłów, en el que Casimiro renunció a sus pretensiones sobre Silesia en favor del rey Carlos IV de Bohemia- la localidad, donde se firmó este acuerdo, era un reconocido centro de producción de cerveza.
En el siglo XIX, la industrialización potencia aún más su desarrollo, convirtiéndola en un browar regional clave e incluso referente. Tras los padecimientos de la Segunda Guerra Mundial, con la nacionalización comunista recupera su destacada posición como centro productor, teniendo como buque insignia la Namysłów Jasne. Igualmente, la fábrica sobrevivió a la caída del régimen soviético en 1989 y mantuvo en todo su periplo posterior una fuerte vinculación local que se refleja actualmente en el malestar que causa el cierre de la planta en la ciudad.
Parece que lo que no pudieron finiquitar los conflictos bélicos, ha terminado claudicando frente a las crisis económicas y de consumo y a los grandes tiburones cerveceros. El contexto de mercado es difícil, con un aumento de los costes -energía y materias primas más caras-, unos impuestos más altos que no se absorben por la demanda y una disminución de las ventas de cerveza por el generalizado cambio de tendencia entre unos consumidores que priorizan otras opciones.
Menos producción, menos consumo, y menos fábricas
Aunque Polonia se mantiene como el tercer mayor fabricante de cerveza de la Unión Europea, después de Alemania y España, y produce una décima parte del total de esta bebida en la Unión -aproximadamente 3.400 millones de litros en 2024- las cifras también reflejan que en el último lustro la actividad se ha ralentizado. Estos cinco años muestran un descenso del 13% en su fabricación y de un 5% en su consumo.
Sin embargo, como dato positivo y pese a la disminución de los volúmenes, el valor del mercado cervecero nacional ha seguido creciendo, alcanzando los 22.900 millones de zlotys- unos 5.420 millones de euros si hacemos el cambio desde la moneda polaca- a finales del año pasado, un 31% más que en 2019. Impulso debido fundamentalmente al aumento de los precios.
No basta sin embargo para que Grupo Żywiec cambie el planeado cierre a comienzos de 2026 y, aunque muchos datos siguen siendo confidenciales, la filial de la neerlandesa confirmó que se encuentra en negociaciones avanzadas con potenciales inversores para la venta de los activos de la cervecería. Respecto al centenar de trabajadores de la planta, recibirán indemnizaciones y el apoyo adicional que se acuerde en negociaciones con los sindicatos.
Situación similar vivida hace menos de dos años en Leżajsk. Żywiec también cerró esta cervecería en 2023 a pesar de las protestas de los empleados, las autoridades locales y la comunidad, amparándose en los mismos motivos contextuales y la necesidad de reorganizar la producción.
¿El fin de una era o un nuevo comienzo para la producción en Namysłów?
Más allá del impacto que supone la destrucción de 100 empleos en una urbe de poco más de 16.000 habitantes, el anuncio afecta a toda la comunidad a un nivel mayor dada la relación simbiótica mantenida con la fábrica. Aunque se prevé que las marcas de cerveza permanezcan en el portafolio del Grupo Żywiec, su producción se trasladará a instalaciones más grandes de la compañía, como las de Żywiec, Warka y Elbląg.
Los locales, molestos, argumentan que no tiene sentido la fabricación de “Namysłów sin Namysłów” y su alcalde, Jacek Fior, además de manifestar la decepción y preocupación por la destrucción de empleo, expresó en un comunicado de prensa la esperanza de que esto no signifique el fin de la producción cervecera en la ciudad, resignificando que «Después de la mina de sal de Wieliczka, es la segunda empresa más antigua de Polonia que aún existe y produce. No quisiera que su larga y rica historia terminara bajo la actual administración». Cree que se trata solo de un punto de inflexión.
Más allá de ese término municipal el presente caso es otro ejemplo más del progresivo desmantelamiento que sufre el mercado polaco. Un goteo constante de cierres de nombres históricos que hacen temer por el legado histórico cervecero de Polonia y que en un proceso de acción reacción ha devenido en la aparición de voces que luchan por su preservación.
Es triste pensar que una historia que sobrevivió a invasiones y siglos de cambios termine claudicando ante un frío balance de resultados. El cierre de la Cervecería Namysłów nos duele porque nos recuerda que cada caña es mucho más que líquido: es un legado histórico cervecero que merece ser protegido y recordado.
Aunque esta mítica fábrica polaca apague sus calderas, nuestra curiosidad por los secretos y las personas que dan vida a esta bebida no se detiene aquí. ¿Te vienes a seguir descubriendo otros rincones de nuestra cultura, desde sus raíces más antiguas hasta las tendencias que están por venir? Te esperamos en los próximos artículos sobre cultura de cerveza de Amantes Cerveceros, donde la pasión por la buena cerveza siempre tiene la última palabra. ¡Salud por los que mantienen viva la tradición!