No es extraño que los cerveceros europeos miren con tanto interés hacia Argentina y crucen los dedos para que el reciente acuerdo UE-Mercosur se lleve a la práctica lo antes posible. El mercado cervecero de ese país alcanzó un valor de 3.500 millones de euros en 2024, pero las proyecciones indican una tasa de crecimiento anual compuesta del 10,7% de 2025 a 2034, alcanzando los 9.000 millones de euros para el final de ese período. En esta previsión tan optimista, la cerveza sin alcohol también jugará su papel. Es algo que sorprende ya que, durante décadas, este tipo de productos eran una rareza.
Generalmente la «sin» ocupaba rincones marginales en las estanterías de los supermercados al estar destinada a unos pocos consumidores con restricciones médicas. Sin embargo, como en otros mercados, ese escenario ha cambiado de manera acelerada y contundente. Las nuevas tendencias culturales, los hábitos emergentes y una fuerte inversión industrial han hecho que el segmento se haya convertido en uno de los más dinámicos del mercado cervecero argentino, sorprendiendo incluso a los propios protagonistas. Hoy crece a tasas inéditas, derriba barreras culturales que parecían inamovibles y abre la puerta a nuevos rituales cerveceros.
Las cifras son elocuentes: el segmento de cervezas sin alcohol crece cerca del 60% anual en Argentina y ya es cinco veces más grande que hace tres años. Aunque todavía representa apenas un 1,3% del volumen total del mercado cervecero, su velocidad de expansión lo posiciona como el nicho con mayor potencial del sector. Esa proporción, que algunos ejecutivos proyectan duplicar en los próximos años, se alinea con las tendencias de países más desarrollados en esta categoría.
En España, por ejemplo, la 0,0 ya representa un 14% de su mercado cervecero; Alemania y Canadá avanzan hacia cifras de doble dígito; y en Estados Unidos millones de nuevos consumidores se han sumado en los últimos cinco años.
¿Quién está impulsando la cerveza sin alcohol en Argentina?
Si se analiza detenidamente el fenómeno en el país latinoamericano, no es exagerado afirmar que los líderes del mercado se movieron rápido. Cervecería y Maltería Quilmes, pionera local desde 1995 con su histórica Liberty, relanzó su apuesta con una fuerte inversión para instalar la primera planta desalcoholizadora del país. Esto permitió ampliar la oferta con Quilmes 0.0, Stella Artois sin alcohol y Corona Cero, reforzadas con potentes campañas publicitarias y presencia en grandes eventos deportivos. El departamento de marketing de esta división local del coloso AB InBev tuvo claro que en la tendencia global asociada al bienestar y a estilos de vida activos, la cerveza sin alcohol cobraría protagonismo en Argentina.
CCU Argentina siguió el mismo camino. Cuando lanzó Heineken 0.0 en 2023, la categoría era incipiente, pero se estaba construyendo a base de hábito y frecuencia, incluso en un contexto turbulento para el consumo masivo. Dos años después, con el desembarco de Imperial Golden 0.0, el segmento ya representa el 2% del mercado de la compañía nacida en la región chilena de Valparaíso.
Más allá de las estrategias comerciales de los grupos más importantes del país, los analistas sostienen que el motor del fenómeno está en los consumidores. Las nuevas generaciones abordan su relación con el alcohol de una forma diferente. El movimiento sober curious, nacido después de la pandemia y reforzado por las redes sociales, está teniendo una considerable repercusión mediática en el país. Alternar períodos de consumo frecuente con momentos de moderación o abstención total parece haber cuajado entre los millennials y, sobre todo, los centennials argentinos.
¿Cómo es el consumidor de cerveza sin alcohol argentino?
Si volvemos nuevamente a los estudios más recientes nos encontraremos que las encuestas corroboran todo lo anterior. Ya no solo es que el 75% de los jóvenes argentinos afirman querer reducir su consumo de alcohol, sino que seis de cada diez de ellos —de edades comprendidas entre los 18 y los 25 años— consideran atractivas las bebidas de baja graduación o sin alcohol.
A esto se suma un cambio de contexto: más comidas de trabajo, prácticas deportivas extendidas, mayor movilidad urbana y una preocupación creciente por los accidentes de tráfico ligados al alcohol. Si hablamos de cerveza y volante no podemos dejar de mencionar la iniciativa protagonizada por Volkswagen Argentina, que lanzó VW Beer, una cerveza 0,0% real destinada a concienciar a los conductores. Elaborada junto a la cervecería Barba Roja, se distribuyó en bares a conductores designados.
El objetivo era transmitir un mensaje de seguridad vial desde una experiencia positiva, evitando la lógica restrictiva de las campañas tradicionales. La propuesta surgió frente a cifras alarmantes: en 2017, los accidentes de circulación aumentaron un 25% en el país, y más de la mitad estaban vinculados al consumo de alcohol.
El proceso de cambio parece no estar exento de tensiones ya que, según otro estudio encargado por una gran cervecera, el 21% de los jóvenes argentinos se sintió juzgado por pedir una bebida sin alcohol, y más de un tercio admitió haber sentido presión para beber en situaciones sociales. Incluso entre los hombres de la Generación Z, el 38% bebería una 0,0 solo si sus amigos también lo hacen. No hay duda de que las marcas «sin» todavía tienen trabajo para desarticular ese estigma y comunicar normalidad, disfrute y pertenencia.
Cómo la cerveza sin alcohol argentina superó el prejuicio del «no sabe igual»
Otro aspecto sobre el que todavía deben incidir los productores es la percepción negativa que durante años arrastró la cerveza sin alcohol y que siempre venía acompañada por comentarios como "no tiene sabor", "no es auténtica" o "se nota la diferencia". Ese prejuicio se ha comenzado a desmontar gracias a las innovaciones productivas que utilizan las principales cerveceras. Procesos de desalcoholización avanzados permiten conservar cuerpo, aroma y sabor eficazmente. La mejora fue tan grande que muchos consumidores se decantan por una variante 0.0 en situaciones donde antes elegían directamente otro tipo de bebida.
Los avances tecnológicos y la irrupción de productores de menor dimensión también impulsaron la llegada de nuevas variedades. Ya no se trata solo de Lagers ligeras. En Argentina, la innovación llegó incluso al mundo artesanal, donde comenzaron a aparecer cervezas sin alcohol de perfiles más complejos. Entre las que más éxito han tenido están Birrita 0%, un proyecto colaborativo de Lucas Groglio —fundador de Coctelería Consciente— con los cerveceros de Lumpen Birra Arte; NAAA!, una Amber Ale 0%; Antares con su Session IPA 0,3%; Radal con estilos patagónicos; y la reciente 0x100 IPA de Nuevo Origen, que presume de ser la primera IPA artesanal sin alcohol del país, con un perfil lupulado, cítrico y amargo.
En general, los productores destacan que la «sin» no busca atraer a quienes no consumen cerveza, sino ampliar los momentos en los que el bebedor habitual puede disfrutarla. Este es uno de los puntos clave del crecimiento: la 0,0 habilita situaciones que antes no eran compatibles con el consumo tradicional. La cerveza vuelve a entrar donde antes se la evitaba. Y eso, naturalmente, expande el mercado y hace que, en Argentina, elegir una cerveza sin alcohol ya no sea un acto excéntrico sino un gesto de coherencia con un estilo de vida.
Lo que está ocurriendo en Argentina no es un caso aislado: es parte de una conversación global sobre cómo se bebe cerveza hoy, quién la bebe y por qué. Una conversación que en Amantes Cerveceros llevamos años siguiendo de cerca, con datos, análisis y mucho amor por el lúpulo.
Si quieres seguir explorando el universo de la cerveza sin alcohol —sus técnicas, sus mercados, sus estilos y los consumidores que la están reinventando—, tienes mucho más esperándote en el blog sobre cerveza y mundo cervecero de Amantes Cerveceros. Porque la 0,0 no es el final de la historia: es el principio de otra muy interesante.