La cerveza de Achel pierde el sello “auténtico producto trapense”

La edad y la falta de vocaciones ha puesto el broche final al proyecto cervecero de Achel, la abadía Trapense belga que encabezó un fenómeno que en estos últimos veinte años ha fructificado en la instalación de fábricas de cerveza en otros monasterios de la misma orden por todo el mundo.

Con una relación con la cerveza que se remonta a mediados del siglo XVII, Achel siempre ha mantenido un vínculo muy estrecho con el monasterio de Westmalle. Ellos fueron los que reconstruyeron la abadía en 1844 y los que, en 1988 -con el apoyo de los hermanos de Westvleteren y Rochefort-,  volvieron a poner en marcha una fábrica que había sido desmantelada en la Primera Guerra Mundial, cuando las tropas alemanas en busca de cobre se apropiaron de sus calderas.

Con un claro objetivo inicial de desarrollar una actividad que generase recursos suficientes para la subsistencia de la comunidad, el mantenimiento de sus edificios y las pertinentes obras de caridad, Achel consiguió granjearse en estas dos décadas un prestigio nada desdeñable. Lo obtuvo gracias a la calidad y solidez de un portafolio de cervezas que siguiendo los cánones de sus inspiradores, siempre fue muy limitado.

No por esperada –desde hacía cuatro años la abadía solo contaba con dos monjes- la noticia es menos dolorosa y sintomática de una realidad: ya no es que apenas haya monjes dedicados a la actividad cervecera en los monasterios Trapenses de Bélgica, es que las comunidades envejecen y el número de religiosos desciende alarmantemente cada año.

En el último censo, los cistercienses belgas que tenían la cerveza como principal actividad se contabilizaban en apenas un centenar de monjes. En la mencionada Westmalle solo quedan 27 y a partir de ahora alguno de ellos tendrá que dedicar parte de su tiempo a supervisar la producción en Achel. De momento, la fabricación de cerveza continuará en el monasterio deshabitado, pero este cambio en el censo y las estrictas normas de la orden impedirá que las etiquetas luzcan el sello hexagonal de  “Auténtico Producto Trapense”.

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