El primer año sin Oktoberfest desde la Segunda Guerra Mundial

Pocas veces desde 1810, Múnich no ha recibido el mes de octubre entre cerveza. Pero este año, la pandemia de COVID-19 ha obligado a suspender un festival centenario: la Oktoberfest. Un importante varapalo para el mundo cervecero y la economía bávara.  

El festival de cerveza más famoso y multitudinario del mundo ha sido otro de los eventos suspendidos este 2020 a causa del coronavirus. Ha sido la primera vez, tras el final de la II Guerra Mundial, que se ha suspendido esta cita.

El origen de la Oktoberfest se remonta a principios del siglo XIX. El 12 de octubre de 1810 se casaban en Múnich el príncipe bávaro Luis I y la princesa Teresa de Sachsen-Hildburghausen. Con el objetivo de ganarse a su pueblo, organizaron una gran fiesta a las afueras de la ciudad e invitaron a todos los vecinos. Durante cinco días, la boda se celebró con carreras de caballos, música y, por supuesto, cerveza.

Esta fue la primera Oktoberfest, y desde entonces el festival empezó a celebrarse todos los años. En 1896 se dio un paso más al montar la primera gran carpa cervecera, que hoy en día es todo un símbolo de esta fiesta (hay 14 carpas grandes y 21 pequeñas). Las carpas están gestionadas desde hace generaciones por las mismas familias y vinculadas a las seis cerveceras de Múnich, que son las únicas que pueden vender cerveza durante la celebración.

Este 2020 quedará en la memoria de los muniqueses como uno de los pocos en los que no han podido celebrar su fiesta. Solo los brotes de cólera de 1854 y 1873, las guerras napoleónicas, las dos Guerras Mundiales y la actual pandemia han interrumpido esta tradición.

Entre las dos Guerras Mundiales y al final de la II Guerra Mundial, hubo unos años en los que la Oktoberfest fue sustituida por el llamado “festival de otoño” (Herbstfest). En esos años de postguerra las disposiciones vigentes solo permitían la venta de una bebida que no superaba el 2% de contenido alcohólico. En 1950 comienza una nueva tradición, una ceremonia de apertura en la que el alcalde de la ciudad abre un barril e inaugura el Oktoberfest sirviendo la primera cerveza. Esta tradición se conserva hasta día de hoy y una vez que el alcalde inaugura el Oktoberfest, 12 cañonazos anuncian a los anfitriones que ya pueden servir cerveza.

Un golpe para la economía bávara

Este año, sin embargo, los 12 cañonazos no se escucharán en Múnich. Y la cancelación supone un duro golpe para la economía bávara. Durante esta celebración cervecera se instalan 35 carpas con unos 100.000 asientos, se consume en torno a siete millones de litros de cerveza, 549.899 unidades de pollo asado, 140.255 pares de salchichas de cerdo, 44.320 kilos de pescado (Steckerlfisch) y 75.456 unidades de codillos de cerdo.

Según explicaron el alcalde de Múnich, Dieter Reiter, y el primer ministro bávaro, Markus Soeder, las dos semanas que dura la Oktoberfest generan unos 1.200 millones de euros. En 2019, por ejemplo, llegaron a Múnich más de seis millones de personas y se consumieron 7,3 millones de litros de cerveza.

Pero este año, por el bien de todos, la Oktoberfest tendrá que celebrarse en casa. Prost!

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