El festival de la cerveza Starkbierfest: orígenes y tradiciones con sátira política

La Starkbierfest no solo sirve de preludio para la apertura de biergartens y terrazas en la capital bávara, sino que también sirve como escenario para el escarnio político.

Hablar de Múnich y festivales cerveceros nos lleva inexorablemente a mencionar la Oktoberfest que año tras año, salvo causas excepcionales, atrae a millones de personas a brindar con cerveza en esta ciudad bávara. Sin embargo, tal fuerza de atracción puede suponer dejar al margen otras celebraciones que merecen igualmente ser foco de atención. 

Una de ellas es la conocida en alemán como la Starkbierfest o Starkbierzeit que se desarrolla también anualmente durante el tiempo de Cuaresma, entre Carnaval y Semana Santa. Generalmente los festejos comienzan en torno al día de San José, el 19 de marzo y duran unas dos semanas. En este periodo los bávaros disfrutan de una potente cerveza de temporada y otras recetas especiales acompañados de amigos y familia. Muchos de ellos visten los trajes tradicionales en una celebración que ha trascendido lo religioso. 

Origen del Starkbierfest

Aunque su origen se vincula a Múnich y al monasterio de San Francisco de Paula de esa ciudad, lo cierto es que se ha extendido por todo el país y ha superado los límites de los espacios eclesiásticos para labrarse un hueco en los establecimientos cerveceros de toda la nación. De igual forma, aunque la protagonista es la Salvator, otras etiquetas de Doppelbock se han incorporado a la lista, conformando un catálogo que se caracteriza por una presencia de cervezas con notas a malta tostada y caramelo más potentes, diferenciándolas así de las más ligeras Helles. 

Tales incorporaciones no pueden desviarnos del hecho de que, en su origen, esta Starkbierfest conmemora el 2 de abril y a San Francisco de Paula, fundador de la orden religiosa de los Mínimos. En el monasterio de Neudeck ob der Au se tiene constancia de que los monjes elaboraban cerveza para su propio consumo al menos desde 1634. Dado que – y especialmente en tiempo de Cuaresma – la ingesta calórica de los religiosos debía ser modesta, los eclesiásticos podían durante este tiempo de ayuno elaborar una versión más fuerte de su «pan líquido”.  

Eran así también fieles a la máxima latina «Liquida non frangunt ieunum» (el líquido no rompe el ayuno). Se dice que a esta cerveza fuerte fabricada desde la primavera del siglo XVII se la llamó inicialmente Cerveza del Santo Padre, en honor al fundador italiano. 

Posteriormente, sin embargo, fue rebautizada con el nombre que ha perdurado hasta nuestros días: Salvator. Aparentemente, la receta, elaborada conforme a la Ley de la pureza pronto cumplió una doble función: además de servir de sostén nutritivo para los integrantes de la orden fue ganando adeptos más allá de las paredes de su monasterio. Los religiosos empezaron a comercializar con ella y por lo tanto también sirvió para incrementar sus ingresos. 

Esta competencia generó malestar entre los cerveceros seglares de Múnich que presentaron una reclamación ante el consejo municipal un 24 de febrero de 1634, quedando así reflejada la primera constancia documental de la bebida. 

Starkbierfest: de alimento para peregrinos a lucrativo negocio y divertido evento.

Un siglo más tarde, los monjes obtuvieron un permiso especial para despachar cerveza el día de su patrono, el citado 2 de abril. Era entonces cuando se producía la apertura anual de la potente cerveza y como muestra de agradecimiento invitaban al príncipe elector bávaro a compartir con ellos la primera jarra del primer barril que se pinchaba -Starkbieranstich-. Fue el 26 de febrero de 1780, siendo Karl Theodor elector de Baviera desde tres años antes, cuando se permite al fin a los monjes servir cerveza al público los 365 días del año.

Tras la secularización y la consiguiente expropiación de los bienes monacales, el maestro cervecero Franz Xaver Zacherl arrendó en un primer momento la cervecería religiosa para finalmente adquirirla en 1813, convirtiéndose así en una empresa comercial. Zacherl la modernizó y amplió, pero respetó la tradición del 2 de abril y la venta festiva de los ocho días siguientes. A mediados del siglo XIX esta primera jornada se trasladó a marzo y se amplió el periodo festivo. Así, en 1861, comenzó el domingo anterior al día de San José y duró 12 días en un espacio temporal ya más ajustado al que se reproduce hoy en día. 

Este 2024 la Starkbierfest oficial se extendió desde el 1 al domingo 24 de marzo, aunque en algunos lugares se prolonga durante todo el mes de abril.

¿Dónde se celebraba el Starkbierfest?

En cuanto al lugar de celebración, el evento se asocia a Nockherberg, el nombre de una pequeña terraza en la ladera de la orilla este del Isar, en Múnich, situada en el distrito urbano de Au-Haidhausen. No siempre fue así y hasta 1822 el Ausschank discurría en la antigua cervecería de Neudeck. La ubicación, no obstante, sufrió, como la propia cervecería, los rigores bélicos y hubo de reconstruirse tras el fin de la II Guerra Mundial, reabriendo el 11 de marzo de 1950. 

Décadas después, un incendio que se presupone intencionado, pero cuyo culpable no pudo ser identificado, obligó a una nueva rehabilitación y a un desembolso considerable. Actualmente el espacio ofrece un contexto idóneo en el que los bancos corridos, las mesas y el ambiente en general recuerdan a su fiesta hermana, la Oktoberfest. 

Igualmente, y vinculada con este primer barril de cerveza de Cuaresma, se ha gestado una curiosa tradición: el conocido como «Politiker-Derbleckn”. Estas sesiones de debate y discusión cargadas de humor, ironía y mucha irreverencia están protagonizadas por políticos bávaros y son conducidas desde finales del XIX por algunos de los mejores humoristas y actores de Alemania, que suelen inaugurar la fiesta con un incendiario discurso tratando temas de actualidad.

En bávaro derblecken significa «burlarse de alguien” y se asocia a aquellos taberneros, pagados de sí mismos, que conocían a todos los clientes por su nombre y familiarizados con todos los rumores de la ciudad tenían la suficiente confianza para bromear con sus clientes. Lo cierto es que para que un político bávaro sea respetado es imprescindible que sepa llevar las burlas y participe en las celebraciones con naturalidad e incluso pierda la compostura. Es algo de lo deberían tomar nota muchos de sus colegas en otras partes del mundo.

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Cultura de Cerveza

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