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El número de mujeres sumilleres de cerveza crece en todo el mundo

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Durante años, la figura del sumiller de cerveza parecía reservada a un pequeño círculo de hombres obsesionados con conseguir botellas exclusivas, rechazar IPAs con el lúpulo oxidado o hacer listas de fábricas propensas a los defectos de fermentación. El universo cervecero especializado arrastró durante mucho tiempo una imagen profundamente masculina: bares dominados por hombres, jurados técnicos formados casi exclusivamente por hombres y una cultura que, en demasiadas ocasiones, parecía incapaz de desprenderse de ciertos clichés.

Sin embargo, algo está cambiando lentamente dentro del sector. El número de mujeres que se forman como sumilleres de cerveza continúa creciendo y empieza a transformar una profesión que hasta hace relativamente poco parecía inaccesible para muchas consumidoras.

La evolución todavía está lejos de ser revolucionaria, pero los datos muestran un cambio evidente. Más de una cuarta parte de los sumilleres de cerveza acreditados ya son mujeres, una cifra que habría parecido casi imposible hace apenas quince años. Solo en los últimos meses varias nuevas profesionales obtuvieron la certificación oficial en Reino Unido, incorporándose a un grupo cada vez más visible de expertas que trabajan en fábricas de cerveza, empresas de distribución, comunicación, formación y hostelería.

Lo interesante es que este fenómeno coincide con una transformación mucho más amplia del mundo cervecero. La explosión de la cerveza artesanal iniciada a principios de este siglo trajo consigo un interés de los consumidores por el producto que obligó al sector a profesionalizar enormemente el conocimiento alrededor de la cerveza.

Es cierto que más de dos décadas atrás ya habían surgido locales especializados que vendían marcas importadas, pero con el fenómeno de la craft beer, el mercado comenzó a llenarse de una infinita variedad de India Pale Ales, Imperial Stouts envejecidas en barrica, Sours con toda clase de frutas y estilos históricos recuperados. Esa "nueva complejidad" generó una necesidad inmediata de especialistas capaces de explicar sabores, procesos de elaboración, servicio y maridajes. Ahí apareció la moderna figura del sumiller de cerveza.

 

Pioneras de la sumillería cervecera

Aunque el término "sommelier" procede originalmente del francés medieval y designaba a funcionarios relacionados con el transporte de provisiones, su aplicación contemporánea al mundo de la cerveza comenzó a consolidarse gracias a programas formativos específicos como los impartidos por la alemana Doemens Akademie, el británico Wine & Spirit Education Trust o el popular programa de certificación Cicerone creado en Chicago por Ray Daniels en 2007. Desde entonces, la profesión ha evolucionado hasta convertirse en una mezcla de divulgador, técnico, formador y embajador cultural de la cerveza.

Pero si el auge de la craft beer abrió la puerta a esta especialización, también ayudó indirectamente a atraer a muchas mujeres hacia un entorno tradicionalmente masculino. La cerveza dejó de presentarse únicamente como una bebida asociada al bar tradicional, a las terrazas de verano, al fútbol y al consumo masivo, y comenzó a vincularse con la gastronomía, el análisis sensorial, el maridaje y la cultura culinaria. En otras palabras —y por mucho que nos duela decirlo— empezó a parecerse más al vino en ciertos aspectos profesionales, aunque sin perder su propia personalidad.

Una de las primeras mujeres en abrirse camino dentro de este ámbito fue Annabel Smith, considerada pionera de la sumillería cervecera británica. Su historia refleja perfectamente cómo muchas profesionales llegaron al sector casi por accidente. Smith comenzó trabajando en un pub de Yorkshire en los años noventa y terminó descubriendo un universo enormemente complejo detrás de cada pinta. Aprendió sobre estilos, maduración y defectos antes de convertirse en una de las primeras mujeres certificadas oficialmente como sumiller de cerveza en Reino Unido.

Desde entonces ha trabajado formando hosteleros, organizando catas, participando como jurado en concursos internacionales y colaborando con organizaciones destinadas a acercar la cerveza a más mujeres. Su visión, compartida en periódicos como The Guardian, resulta especialmente interesante porque desmonta uno de los grandes errores del sector: pensar que las mujeres necesitaban "cervezas para mujeres".

Durante años la industria intentó atraer consumidoras mediante productos ridículamente estereotipados: cervezas rosas, excesivamente dulces o presentadas como alternativas "más femeninas". Muchas profesionales consideran hoy que aquello fue un fracaso precisamente porque partía de un prejuicio profundamente equivocado. Las mujeres no necesitaban una cerveza distinta; necesitaban sentirse bienvenidas dentro de la cultura cervecera.

 

¿Cómo se convierte una en sumiller cervecera?

Ese cambio de mentalidad también se aprecia en el perfil de muchas nuevas sumilleres. Algunas proceden del marketing, otras de la hostelería, otras del mundo gastronómico y otras simplemente comenzaron como consumidoras curiosas y terminaron fascinadas, tanto por la complejidad sensorial del producto como por las historias que hay detrás de él.

Esa curiosidad las llevó a matricularse en formaciones continuadas que exigen un nivel técnico muy superior al que mucha gente imagina. Porque convertirse en sumiller de cerveza no consiste simplemente en beber mucho o memorizar nombres de estilos. La formación incluye análisis sensorial, identificación de defectos, historia cervecera, técnicas de servicio, química básica, procesos de elaboración y maridaje gastronómico.

Los programas más reconocidos exigen una preparación extraordinariamente exigente. Los aspirantes deben aprender a identificar decenas de estilos mediante catas a ciegas, reconocer aromas específicos y detectar alteraciones técnicas en muestras manipuladas. Además, en el caso del Reino Unido, por ejemplo, tienen que dominar aspectos relacionados con la gestión de bodegas y la conservación adecuada para el correcto servicio de la Real Ale en los pubs.

Algunos de los itinerarios formativos más prestigiosos combinan certificaciones como las de las academias anteriormente mencionadas, cursos específicos de análisis sensorial y formación práctica en gestión de la cellar. Las candidatas pasan años entrenando el paladar, igual que ocurre en el mundo de la gastronomía profesional. No basta con distinguir entre estilos: deben ser capaces de detectar oxidación, contaminación bacteriana, defectos de fermentación o problemas de conservación.

 

Un mundo que todavía no es de color rosa: los retos de las sumilleres

Muchos especialistas coinciden en que una de las consecuencias de la profesionalización es la reducción del peso de ciertos estereotipos tradicionales, entre ellos la relevancia del género. Eso no significa que los prejuicios hayan desaparecido completamente. Muchas sumilleres continúan relatando situaciones absurdas en bares, festivales o eventos profesionales. Algunas explican cómo ciertos clientes siguen asumiendo automáticamente que saben menos de cerveza que sus compañeros hombres. Otras cuentan que todavía hay camareros que les sugieren vino antes incluso de preguntar qué quieren beber.

Sin embargo, la situación empieza a cambiar lentamente gracias a una presencia femenina cada vez más visible dentro de la industria. También influye enormemente el cambio generacional en el consumo. Las nuevas generaciones muestran una relación mucho menos rígida con la cerveza. Ya no existe la misma división simbólica entre "bebidas masculinas" y "bebidas femeninas" que dominó gran parte del siglo XX.

El trabajo de las sumilleres desempeña además un papel fundamental como puente entre el consumidor y un producto que puede resultar intimidante para quien se acerca por primera vez a él. Muchas profesionales insisten en que parte de su función consiste precisamente en derribar prejuicios y hacer que la cerveza resulte accesible, comprensible y atractiva para todo tipo de públicos.

Porque la cerveza sigue arrastrando ciertos complejos culturales. Durante mucho tiempo fue vista como una bebida simple frente al supuesto refinamiento del fermentado de uva. La sumillería cervecera intenta precisamente desmontar esa percepción mostrando que detrás de una buena cerveza existe tanta complejidad técnica, histórica y gastronómica como detrás de cualquier gran vino. Paradójicamente, cuanto más compleja y sofisticada se ha vuelto la cerveza artesanal, más diversa parece haberse vuelto también su cultura.

La cultura cervecera lleva años reinventándose y las mujeres sumilleres de cerveza son una de sus transformaciones más interesantes. ¿Seguirá creciendo su presencia en la industria? ¿Qué otros cambios están redefiniendo la forma en que entendemos y disfrutamos esta bebida? Descubre más sobre la actualidad, las profesiones y las tendencias del mundo cervecero en nuestro blog sobre cerveza de Amantes Cerveceros. ¡Te esperamos!