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Consumo global de alcohol: más bebedores, pero con hábitos muy diferentes

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El pasado diciembre, la revista Nature publicaba un estudio del Instituto Max Planck que sostenía que la predilección del ser humano por las bebidas con alcohol habría contribuido al aumento drástico del tamaño y la complejidad de las sociedades durante el Holoceno. Según esta hipótesis, su ingesta facilitó el surgimiento de sociedades complejas al promover la cohesión social, incrementar la cooperación y potenciar la creatividad humana. A nivel político, los festines con alcohol habrían servido para forjar alianzas, movilizar mano de obra e incluso implementar el poder.

La teoría de los investigadores alemanes no es nueva y sigue generando debates acalorados con partidarios y detractores. En lo que no hay discrepancia es en que, en pleno siglo XXI, la relación con las bebidas sigue muy activa, pero su evolución ya no depende solo de tradiciones culturales o hábitos sociales, sino de una compleja combinación de factores económicos, demográficos, sanitarios y políticos.

Curiosamente, las previsiones más recientes apuntan a una paradoja interesante: el mundo seguirá consumiendo más alcohol en términos globales, pero algunas de sus industrias más emblemáticas, como la cervecera, atraviesan una etapa de estancamiento. La situación es tan peculiar que muchos especialistas tratan de averiguar qué está ocurriendo exactamente y por qué aumenta el consumo total mientras ciertos mercados se enfrían.

Todos coinciden en que la pandemia de COVID-19 supuso un punto de inflexión inesperado en los hábitos de consumo de alcohol. En 2019, el consumo mundial per cápita —determinado por la cantidad media de alcohol puro ingerida por persona mayor de 15 años al año— se situaba en torno a los 5,8 litros. Sin embargo, en 2020 esta cifra cayó de forma abrupta hasta los 4,9 litros. Fue una reducción de más del 11%.

Las razones fueron evidentes: confinamientos, cierre de bares y restaurantes, limitación de la movilidad y cancelación de eventos sociales. En otras palabras, se redujeron drásticamente las ocasiones de consumo.

Esta caída no fue permanente y, a medida que las restricciones desaparecieron, el consumo se recuperó con rapidez. Así, en 2023, el mundo ya había vuelto a niveles similares a los previos a la pandemia. Este comportamiento revela algo importante: las crisis puntuales pueden alterar los hábitos a corto plazo, pero no necesariamente cambian las tendencias de fondo.

Europa lidera el consumo de alcohol per cápita mundial, pero su tendencia es a la baja

De cara a 2030, varios estudios coinciden en que el consumo global de alcohol seguirá creciendo, aunque de forma moderada. La clave no solo está en el consumo de cada individuo sino en el número de habitantes del planeta. Según la ONU, la población mundial actual de 7.600 millones de personas alcanzará los 8.600 millones al final de esta década, con un aumento considerable del número de adultos. Este factor, por sí solo, tiene un reflejo directo en el crecimiento del consumo total.

Proyecciones como la hecha por Vinetur con datos históricos recientes y modelos de escenarios alineados con las definiciones de la Organización Mundial de la Salud sitúan el consumo medio en torno a los 6,7 litros por persona al año en 2030. Puede parecer una cifra modesta, pero cuando se multiplica por millones de personas, el resultado es destacable: el volumen total de alcohol consumido podría alcanzar los 43.600 millones de litros, frente a los 35.100 millones estimados en 2023. Es decir, un incremento cercano al 24%.

En un escenario de crecimiento económico más rápido —especialmente en países de renta media—, esta cifra podría ser aún mayor. Por el contrario, políticas de salud pública más estrictas frenarían e incluso reducirían ligeramente ese volumen.

Las cifras globales ayudan a entender la tendencia general, pero es en el comportamiento por región donde están los detalles más valiosos. Europa sigue siendo el continente con mayor consumo per cápita. Sin embargo, su tendencia es descendente. Factores como una mayor preocupación sobre la salud, el envejecimiento de la población, cambios culturales y políticas más estrictas están reduciendo progresivamente el consumo.

En cambio, Asia —especialmente el Sudeste Asiático y el área Pacífico Occidental— muestra una dinámica opuesta. El crecimiento económico, la urbanización y campañas de marketing intensivas están haciendo que el consumo de alcohol en estas regiones siga subiendo.

América presenta una situación intermedia. En 2019, el consumo medio era de 7,6 litros por persona, por encima de la media mundial. Aunque no se prevén aumentos tan pronunciados como en Asia, los niveles siguen siendo elevados.

Ya tratando países concretos, las diferencias son aún más marcadas. Rusia y Alemania continúan entre los mayores consumidores en Europa, mientras que China e India experimentan un crecimiento sostenido. Estados Unidos mantiene niveles altos, pero relativamente estables, y países como Nigeria podrían registrar aumentos significativos impulsados por una demografía positiva y la urbanización.

Los motores del cambio en el consumo global de alcohol

Detrás de los cambios de tendencias de consumo no hay un único factor, sino una serie de ellos que interactúan entre sí. Entre los que se consideran clave estarían la economía, la creciente importancia de los entornos urbanos y la implantación de determinadas políticas por los gobiernos.

Es evidente que a medida que aumentan los ingresos, especialmente en países emergentes, las bebidas comerciales con alcohol son más accesibles para una mayor parte de la población. Muchos de esos consumidores viven en ciudades y un entorno urbano implica mayor disponibilidad de productos, más puntos de venta y una mayor exposición a la publicidad. Además, los entornos urbanos suelen favorecer estilos de vida en los que el consumo social de alcohol es más frecuente.

La crisis climática, conflictos armados o simplemente la aspiración a una vida mejor están haciendo que millones de personas que vivían en el campo emigren a la ciudad. El aumento exponencial de la población urbana es una tendencia que se registra especialmente en África.

Esa población urbana es destinataria de las políticas gubernamentales. Impuestos, regulación de la venta, restricciones publicitarias y campañas de concienciación pueden influir de forma decisiva en los niveles de consumo. Precisamente en África es donde está uno de los grandes desafíos a la hora de analizar el consumo de bebidas con alcohol: su medición.

No todo el alcohol consumido pasa por canales oficiales; una parte significativa proviene de producción informal o ilegal y este consumo no registrado puede distorsionar las estadísticas y dificultar la evaluación de políticas públicas.

Mención aparte merece el caso del turismo. Los países con alta afluencia turística —como es el caso de España— pueden registrar un consumo aparente mayor del real entre su población residente.

Por qué la industria cervecera frena y replantea su modelo

Mientras el consumo global de alcohol crece, uno de sus sectores más importantes, el de la cerveza, atraviesa una etapa de transformación profunda. Durante décadas, la industria cervecera fue sinónimo de crecimiento constante. Sin embargo, datos recientemente publicados muestran un cambio de tendencia: las grandes cerveceras han entrado en lo que algunos analistas como Carlos A. Muñoz de Scope Ratings describen como un "estancamiento estructural".

En mercados desarrollados como Estados Unidos y Europa Occidental, el volumen de ventas de cerveza lleva años disminuyendo entre un 1% y un 2% anual. Este descenso se ha acelerado recientemente debido a que los consumidores están cambiando sus preferencias. Las nuevas generaciones tienden a beber menos alcohol porque la preocupación por la salud es cada vez mayor. A esto se suma la presión económica sobre los hogares, que limita el gasto en ocio.

Tradicionalmente, eventos deportivos o veranos calurosos hacían que las ventas de cerveza creciesen. Sin embargo, estos factores ya no tienen el mismo impacto e incluso las grandes compañías han registrado volúmenes de ventas que no superan los niveles previos a la pandemia. Esto sugiere que el problema no es coyuntural, sino estructural.

Ante la caída del volumen, muchas empresas han recurrido durante años a subir precios, especialmente mediante la llamada "premiumización", es decir, vender productos de mayor valor añadido. Pero esta estrategia, según Scope Ratings, también está llegando a su límite. Los consumidores son ahora mucho más sensibles al precio, y las subidas ya no compensan la caída en las ventas. De hecho, algunas grandes cerveceras han empezado a experimentar descensos tanto en volumen como en ingresos, una señal clara de que el modelo necesita adaptarse.

En este nuevo contexto, la industria cervecera está cambiando su enfoque. Si antes el objetivo era crecer, ahora la prioridad es mantener la estabilidad.

«Este entorno exigirá políticas financieras más disciplinadas, incluyendo el cumplimiento sostenido de objetivos de apalancamiento conservadores y un enfoque más prudente en la remuneración de los accionistas. En términos prácticos, esto implica moderar la recompra de acciones y mantener una mayor cautela respecto al uso de deuda adicional para respaldar la rentabilidad para los accionistas», sostiene Muñoz.

Complementariamente a estas estrategias conservadoras, muchas empresas están apostando por mercados emergentes, donde todavía existe potencial de crecimiento, aunque no suficiente para compensar completamente la caída en los países desarrollados.

Muy probablemente, el consumo de alcohol seguirá siendo una parte relevante de la vida social y económica global, pero su papel está cambiando. Entender estas transformaciones será clave para anticipar sus efectos en los mercados en los próximos años.

 

El alcohol no desaparece del mapa, pero sí se transforma. Desde la irrupción de la cerveza sin alcohol hasta los nuevos patrones de consumo en Asia o África, el mundo cervecero nunca ha sido tan interesante como ahora. Si quieres seguir al día de todas las tendencias, datos y análisis del sector, sigue explorando en Amantes Cerveceros. Aquí siempre hay algo que merece un brindis —con o sin alcohol.