Con la llegada del final del año es momento de hacer balance. En la mayoría de los sectores, estas semanas se aprovechan para ordenar ideas, revisar proyectos y, sobre todo, analizar hasta qué punto se han cumplido los objetivos marcados. El mundo de la cerveza no es una excepción.
Tradicionalmente, los primeros en presentar resultados son los proveedores de ingredientes del hemisferio norte. Una vez finalizadas las cosechas y con la cebada y el lúpulo ya en los almacenes, pueden hacerse públicas las cifras definitivas de producción y calidad. Entre ambos ingredientes, el lúpulo suele acaparar una atención especial, tanto por los cambios que viene experimentando el mercado en los últimos años como por su elevado peso económico en la cuenta de resultados de los cerveceros.
Aunque era un escenario ampliamente esperado, los datos finales lo confirman: la campaña mundial de lúpulo 2025 se cerró con una producción inferior a la registrada en 2024. Este descenso consolida una tendencia de ajuste en la oferta global, impulsada principalmente por la reducción de la superficie cultivada y por la necesidad del sector de corregir los elevados niveles de existencias acumuladas en campañas anteriores. A escala global, la cosecha de lúpulo en 2025 alcanzó las 108.319 toneladas, frente a las 113.839 toneladas recogidas en 2024. La diferencia de 5.520 toneladas equivale a una reducción del 4,8 % de la producción mundial.
Los cerveceros prestan una atención especial a los ácidos alfa, el indicador clave de la cosecha de lúpulo
Para los cerveceros el volumen total no es el único indicador relevante. Un factor clave es el contenido de ácidos alfa, compuestos químicos presentes en las glándulas de lupulina de los conos de lúpulo y responsables del amargor de la cerveza. Durante la ebullición del mosto, los ácidos alfa se transforman en isoalfaácidos mediante el proceso de isomerización, aportando el carácter amargo característico de la bebida.
En términos prácticos, ácidos alfa equivalen a potencial de amargor, aunque no se trata solo de intensidad. El equilibrio es fundamental: incluso estilos intensamente lupulados como las IPAs necesitan un amargor bien ajustado para resultar frescos y bebibles, mientras que en Lagers y Ales tradicionales el amargor cumple la función de compensar el dulzor del maltoso y reforzar la sensación refrescante. Por este motivo, los cerveceros analizan con especial atención las variaciones de ácidos alfa de cada cosecha, ya que influyen directamente en la consistencia de los lotes y en la formulación de recetas.
En 2025, la producción mundial de ácidos alfa descendió de 12.354 toneladas en 2024 a 11.854 toneladas, es decir, 500 toneladas menos, lo que supone una caída del 4,1 %. Sobre la base de este volumen, se estima un potencial cervecero teórico de unos 2.100 millones de hectolitros de cerveza, una cifra que permite dimensionar la capacidad productiva del sector en relación con la demanda global. Vayamos ahora a los campos:
Alemania
En Alemania —el mayor productor mundial de lúpulo— se cosecharon 43.141 toneladas en 2025, frente a las 46.497 toneladas obtenidas en 2024. Esto representa una disminución de 3.356 toneladas, equivalente a un descenso del 7,2 %. La principal causa de esta reducción fue la disminución de la superficie de cultivo, que descendió en más de 1.300 hectáreas.
En cuanto a la producción de ácidos alfa, se pasó de 5.391 toneladas en 2024 a 5.238 toneladas en 2025, lo que supone una caída de 153 toneladas o un 2,8 %. Cabe destacar que el 83 % del volumen total de lúpulo alemán proviene de la región de Hallertau, que continúa siendo el núcleo de la producción nacional y uno de los centros lupuleros más importantes del mundo.
Estados Unidos
Según los datos publicados el 19 de diciembre por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), la producción de lúpulo en 2025 disminuyó un 4,6% respecto al año anterior. Resulta llamativo que apenas unas semanas antes la estimación provisional apuntaba a un descenso ligeramente superior, lo que pone de relieve la importancia de las cifras oficiales de cierre de campaña.
En total, los agricultores estadounidenses cosecharon 37.693 toneladas de lúpulo en 2025, frente a las 39.507 toneladas registradas en 2024. La superficie destinada al cultivo disminuyó en todos los estados productores, hasta situarse en 16.856 hectáreas, un 7% menos que el año anterior. No obstante, este recorte se vio parcialmente compensado por un aumento del rendimiento, que creció en 63,75 kilos por hectárea, alcanzando una media de 2.262 kilos por hectárea.
Este incremento de productividad permitió que el valor económico del sector aumentara, alcanzando en 2025 los 447 millones de dólares. La calidad general del lúpulo fue buena, con un potencial mínimo de daños por humo, un factor de especial relevancia en algunas regiones productoras afectadas por incendios forestales en campañas recientes.
Los esfuerzos por ajustar la oferta también dieron resultados en términos de inventarios, que se redujeron un 15 % con respecto al año anterior. A pesar del elevado nivel general de existencias, se detecta escasez puntual de determinadas variedades, especialmente aquellas con perfiles aromáticos muy específicos. Por ello, las autoridades recomiendan a los cerveceros mantener un contacto estrecho con los productores, comunicando con antelación sus necesidades para facilitar decisiones de siembra más alineadas con la demanda real del mercado.
El panorama de la cebada en Norteamérica
Aprovechando la presentación de las cifras del lúpulo, el USDA volvió a subrayar la tendencia histórica a la baja en la producción de cebada en Estados Unidos, que se prolonga desde hace décadas. Las variaciones de temperatura y precipitaciones en las regiones productoras provocaron diferencias en la calidad de la cosecha. En términos generales, la calidad fue buena, con niveles de proteína más bajos, una característica positiva para el malteado. No obstante, algunas zonas —especialmente el oeste de Montana— sufrieron problemas derivados de lluvias tardías al final del ciclo de crecimiento.
Dado que Estados Unidos depende en gran medida de las importaciones de cebada canadiense, el análisis norteamericano no estaría completo sin mirar al norte. En Canadá, el aumento de los rendimientos permitió un ligero incremento de la oferta en 2025, a pesar de la reducción de la superficie cosechada. Al igual que en Estados Unidos, se observaron variaciones regionales de calidad como consecuencia de las diferencias climáticas durante la temporada.
República Checa y otros países europeos
De vuelta a Europa, la República Checa mostró una evolución positiva en 2025. La cosecha aumentó de 6.494 toneladas en 2024 a 6.995 toneladas, lo que supone un incremento de 501 toneladas, equivalente a un 7,7 %. Este crecimiento consolida la posición del país como productor clave de lúpulos aromáticos tradicionales, entre los que destaca el emblemático Saaz. La vecina Eslovenia también registró un aumento moderado de la producción.
En 2025 se cosecharon 2.345 toneladas, frente a las 2.245 toneladas del año anterior, lo que representa un crecimiento de 100 toneladas o un 4,5 %. En contraste, Polonia experimentó una reducción de la producción. La cosecha pasó de 2.953 toneladas en 2024 a 2.770 toneladas en 2025, lo que supone una caída de 183 toneladas, equivalente a un descenso del 6,2 %.
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