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Los franceses beben más cerveza que vino por primera vez en la historia reciente

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En estos tiempos de incertidumbre no son escasas las noticias que parecen haber sido escritas por una IA con ganas de provocar una crisis diplomática. Francia, el país que lleva siglos convenciendo al resto del mundo de que una botella de Burdeos contiene más cultura que la biblioteca de Alejandría, acaba de protagonizar una de ellas. Por primera vez en su historia, los franceses han bebido más cerveza que vino. Si uno escucha un golpe seco, probablemente se trate de varios sumilleres desmayándose al mismo tiempo en la École du Vin de Burdeos.

Los datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino no dejan mucho margen para la interpretación. En 2025 el consumo de vino cayó hasta los 22 millones de hectolitros, mientras que la asociación Brasseurs de France calcula que los franceses consumieron 22,1 millones de hectolitros de cerveza. Apenas cien mil hectolitros de diferencia, una cantidad ridícula en términos absolutos, pero suficiente para escribir una pequeña página de la historia gastronómica francesa. Más aún si se tiene en cuenta que el consumo de vino ha descendido hasta su nivel más bajo desde 1957.

Conviene aclarar que Francia no se ha convertido de repente en una gigantesca taberna muniquesa. No hay hordas de parisinos recorriendo los Campos Elíseos con jarras de litro ni los camareros han sustituido el «Monsieur, votre Bordeaux» por un sonoro «¡otra ronda!». En realidad, lo que sucede es que los franceses beben menos alcohol que nunca. Lo que ha cambiado no es tanto la cantidad como la elección.

Si no hay tiempo para largas sobremesas tampoco hay vino

Durante generaciones, el vino ocupó un lugar casi sagrado en la mesa francesa. Era la bebida de las comidas familiares, de los almuerzos interminables y de las cenas en las que se discutía durante veinte minutos qué botella abrir antes de decidir el menú. El vino se olía, se bebía con ceremonia, se comentaba y, por supuesto, siempre había alguien dispuesto a explicar por qué la cosecha de aquel Bourgogne era claramente inferior a la del final de la Segunda Guerra Mundial.

Pero la vida moderna no parece especialmente compatible con ese ritual. Resulta complicado justificar la apertura de una botella de Saint-Émilion cuando el almuerzo consiste en un táper devorado frente al ordenador. La botella de 75 centilitros ha empezado a parecer un compromiso excesivo para una generación que, sencillamente, bebe menos y dispone de menos tiempo para convertir cada comida en un homenaje a la gastronomía nacional.

La cerveza, en cambio, ha sabido adaptarse con sorprendente facilidad a estos nuevos hábitos. No exige protocolo alguno. Además, suele presentarse en formatos individuales, encaja mejor en un consumo ocasional y, en muchos casos, ofrece una graduación alcohólica inferior.

Los estudios también indican que en el cambio de tendencia el bolsillo pesa.  Una cerveza suele resultar bastante más asequible que una botella de vino. En una época marcada por el aumento del coste de la vida, muchos consumidores —especialmente los más jóvenes— no necesitan grandes argumentos para cambiar el sacacorchos por el abridor.

El cambio tiene además una evidente dimensión cultural y algunos sociólogos resumen el fenómeno señalando que la sociedad francesa se ha terciarizado y que muchas personas ya ni siquiera hacen una comida tradicional al mediodía. Las largas sobremesas van dejando paso a almuerzos rápidos, cenas informales y reuniones donde la cerveza se integra con mucha más naturalidad que una botella de Châteauneuf-du-Pape. Mientras tanto, la cerveza ha dejado de ser considerada una bebida "extranjera".

Cada vez se escucha más «une bière, s'il vous plaît»

En Francia, durante décadas la cerveza parecía pertenecer al patrimonio exclusivo de alemanes, belgas, británicos, alsacianos y de los ch'tis, esa extraña gente del norte. Los parisinos la observaban desde la distancia, convencidos de que la verdadera cultura viajaba dentro de una botella de vino. Sin embargo, el extraordinario crecimiento de las cervecerías artesanales francesas durante los últimos quince años ha cambiado radicalmente esa percepción. Hoy existen decenas de pequeñas fábricas repartidas por todo el país y la oferta de estilos es más amplia que nunca.

El auge de la cerveza sin alcohol confirma además que el fenómeno no responde únicamente al deseo de consumir más alcohol. Según Brasseurs de France, sus ventas aumentaron un 12% durante 2025, una muestra de que buena parte del crecimiento se explica por consumidores que buscan bebidas más ligeras o simplemente diferentes.

Frente a este escenario, el vino atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La caída del consumo se suma a las dificultades provocadas por el cambio climático, la incertidumbre económica y las tensiones comerciales derivadas de los aranceles estadounidenses, uno de los principales mercados para los productores franceses. La propia OIV considera que el sector está inmerso en una transformación profunda y que muchas bodegas intentan adaptarse apostando por el enoturismo, la sostenibilidad o el desarrollo de vinos con menor graduación.

Si tenéis intereses en el sector, podemos deciros que no todo son malas noticias. Francia continúa siendo el mayor consumidor de vino de Europa y el segundo productor mundial, solo por detrás de Italia. El vino sigue formando parte del ADN cultural del país y nadie imagina que las bodegas de Borgoña vayan a convertirse de la noche a la mañana en fábricas de IPA.

Sin embargo, el simbolismo resulta difícil de ignorar. Hace apenas un año supimos que los franceses consumen un 86% menos de pan que hace ochenta años. Ahora descubrimos que también han relegado al vino a un segundo plano frente a la cerveza. Si la baguette y el Burdeos dejan de ser intocables, quizá el próximo gran debate nacional surja al descubrir que muchos bistrós sirven ahora fast food.

Si quieres conocer más sobre la cerveza y su evolución, sigue leyendo: en el blog de Amantes Cerveceros te contamos por qué las Radler están creciendo tanto o algunos de los récords más absurdos relacionados con la cervezaSanté!