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Chimay Jaune: así es la nueva trapense de Scourmont que ya puedes encontrar en el mercado

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Seguramente recordaréis que, no hace mucho, los monasterios trapenses con fábrica de cerveza solo contaban con, a lo sumo, tres recetas en su portafolio. Los tiempos cambian, y algunos de ellos no quieren quedarse al margen de un mercado extremadamente competitivo en el que tradición y calidad ya no son suficientes para atraer consumidores.

En ese campo tan exigente en el que se combina buen hacer con vocación comercial siempre ha sobresalido Nuestra Señora de Scourmont, abadía belga en cuyo recinto se producen las cervezas etiquetadas con la marca Chimay.

Si a mediados del año pasado publicamos en esta sección que los monjes iban a comercializar por primera vez en su historia algunas de sus cervezas en lata coincidiendo con la celebración de su ciento setenta y cinco aniversario, ahora vuelven a captar la atención del mundo cervecero con el lanzamiento de Chimay Jaune, una nueva Trapense que se incorporará de forma permanente a su catálogo en pocas semanas.

Qué es Chimay Jaune y cómo sabe

Según la cervecería del monasterio, el origen de Chimay Jaune se encuentra en el éxito inesperado de una edición limitada: la Chimay 175, elaborada con motivo de la citada efeméride. Aquella cerveza, concebida como un homenaje puntual, gozó de una excelente aceptación tanto entre los incondicionales de la marca como entre los expertos. Fue esa buena acogida lo que llevó a los responsables de producción a perfeccionar la receta y darle forma para que se integrase como producto permanente bajo una nueva identidad.

Chimay Jaune se presenta como una cerveza dorada de 6,5% de alcohol, «diseñada para ofrecer una experiencia equilibrada, fresca y accesible sin renunciar a la complejidad característica de las Trapenses». Visualmente destaca por su color dorado brillante y una espuma blanca fina y persistente. En nariz apreciaréis un perfil donde predominan las notas cítricas y especiadas, con matices que recuerdan al cilantro y al cardamomo; todo ello en el marco de un sutil fondo a frutas rojas maduras. A estos elementos se suman toques de anís y vainilla que enriquecen el conjunto.

En boca, la cerveza mantiene esa promesa aromática con una vivacidad considerable. El equilibrio entre las especias y los cítricos se traduce en una sensación refrescante, con un amargor moderado y bien integrado. El final es seco, elegante y ligeramente especiado, consiguiendo ese objetivo tan ansiado por cualquier creador: animar a repetir. Sin duda, los cerveceros buscaban una cerveza pensada tanto para el consumo cotidiano como para la degustación pausada.

Relacionado con lo anterior, parece indiscutible que el lanzamiento de Chimay Jaune también refleja una tendencia clara dentro del mundo cervecero: la búsqueda de productos más accesibles en términos de contenido de alcohol y perfil sensorial, pero sin pérdida de identidad. En este sentido, la nueva creación de Chimay podría atraer tanto a consumidores habituales de cervezas Trapenses como a un público más amplio que busca iniciarse en este estilo.

La gama Chimay: cervezas trapenses con siglos de tradición e identidad propia

Como no podía ser de otra forma, Chimay Jaune luce en su etiqueta el hexágono de 'Auténtico Producto Trapense'. Este sello de 'Auténtico Producto Trapense', además de garantizar que la cerveza se elabora dentro de la abadía bajo la supervisión de los monjes, certifica que los beneficios se destinan, en gran parte, a fines sociales y comunitarios. Más allá de sus cualidades organolépticas, este aspecto añade un valor ético que distingue a estas cervezas en el mercado global: una iniciativa pionera implantada mucho antes de que se hablase de conceptos como «sostenibilidad» o «responsabilidad social corporativa».

El prestigio de Chimay no se entiende sin su sólida y reconocible gama de cervezas, cada una con una personalidad definida y una historia propia. A lo largo de décadas, la abadía ha construido un catálogo que la ha convertido en un referente que va mucho más allá del mundo de las cervezas Trapenses.

Rouge, Bleue, Triple, Dorée y Verde: la familia trapense de Chimay antes de la Jaune

La Chimay Rouge, identificada por su característica etiqueta roja, es una de las más emblemáticas. Se trata de una cerveza tostada de color cobrizo, con una graduación del 7%. Su perfil está marcado por notas afrutadas y matices de pan tostado y una buena dosis de caramelo. Es una cerveza clásica, equilibrada, con cierta dulzura que la hace especialmente versátil en maridajes, particularmente con los quesos del propio monasterio.

Por su parte, la Chimay Bleue, también conocida como Grande Réserve cuando se envasa en botellas de gran formato, representa el lado más robusto y complejo de la marca. Con una graduación más elevada y un color oscuro, destaca por sus aromas intensos a frutas muy maduras, chocolate y especias. Nacida en 1954 como cerveza especial de Navidad, una de sus características más valoradas es su capacidad de envejecimiento, ya que su perfil sensorial evoluciona con el tiempo, ofreciendo nuevas capas de complejidad. Esta cualidad hace que cada año miles de incondicionales reserven botellas para futuras catas verticales o momentos especiales.

La Chimay Triple, de color dorado y espuma cremosa de buena duración, se sitúa en un punto intermedio entre frescura y potencia. Con un perfil aromático rico en notas afrutadas, florales y sobre todo especiadas, en esta cerveza se abraza una textura aterciopelada con un amargor bien definido que permite una amplitud de momentos de disfrute. Su historia se remonta a la década de 1960, aunque adquirió especial notoriedad en los años ochenta con el lanzamiento de su formato de 75 cl.

Otra de las referencias es la Chimay Dorée, un producto menos conocido fuera de ciertos circuitos, pero muy apreciada por su ligereza, equilibrio y vínculo con la cerveza que los monjes consumían durante las comidas. Con una graduación más baja —4,8% ABV—, ofrece un perfil fresco y cítrico con predominio de notas especiadas. A pesar de su menor contenido de alcohol, mantiene una riqueza aromática notable.

La gama se completa con la Chimay Verde, una cerveza más reciente que inicialmente se presentó como edición limitada para conmemorar un aniversario. Con la misma graduación que la Bleue —10% ABV— y un perfil refinado, combina notas florales con aromas de frutos secos y especias. Su éxito ha consolidado su presencia en el catálogo permanente, siguiendo una trayectoria similar a la que ahora recorre Chimay Jaune.

En conjunto, la oferta de Chimay refleja un equilibrio entre tradición e innovación. Cada cerveza responde a una lógica interna dentro de la gama, cubriendo distintos perfiles de sabor, graduación y ocasión de consumo. La llegada de Chimay Jaune no solo amplía la gama, sino que también refuerza la imagen de la marca como un referente capaz de innovar sin perder sus raíces.

Las jornadas de puertas abiertas de Orval son la mejor opción para visitar una cervecería Trapense

Más allá de la degustación, el universo de las cervezas Trapenses ofrece una dimensión cultural y espiritual que sigue despertando un enorme interés, atrayendo a miles de visitantes cada año. Sin embargo, el acceso a una cervecería Trapense no es sencillo. Esta orden mantiene un carácter reservado, acorde con la vida monástica de sus comunidades, limitando el contacto con los aficionados a los cafés próximos a la abadía.

En este contexto, la Abadía de Orval se presenta como una de las pocas opciones accesibles para quienes desean conocer de cerca este mundo. Situada en el sur de Bélgica, en un valle apartado de la región de Gaume, Orval combina historia, arquitectura y tradición cervecera en un mismo espacio.

El impresionante complejo monástico alberga ruinas medievales que dan testimonio de su convulso pasado. Estas estructuras, parcialmente conservadas, permiten a los visitantes realizar un recorrido histórico que conecta siglos de vida religiosa y cultural. Además, como otros monasterios europeos, el lugar acoge un jardín de plantas medicinales que evoca las prácticas de los monjes en el uso de hierbas con fines curativos.

La visita a Orval no se limita al patrimonio arquitectónico cisterciense. La cervecería, ubicada dentro del recinto de la abadía, es uno de los grandes atractivos. Aunque el acceso a las instalaciones de producción es restringido, el visitante que consiga una de las escasas plazas en alguna de las dos jornadas de puertas abiertas (viernes 18 y sábado 19 de septiembre) podrá comprender mejor el proceso y la filosofía que hay detrás de esta cerveza única.

Además, el recinto cuenta con espacios de acogida para visitantes, incluyendo un hotel monástico que permite estancias orientadas al descanso y la reflexión. Esta oferta convierte la visita en una experiencia más completa, que va más allá del turismo convencional.

La popularidad de este tipo de destinos ha crecido en los últimos años, impulsada por el interés en el turismo gastronómico y cultural. Sin embargo, la limitada capacidad de acogida y la necesidad de preservar la vida monástica hacen que el acceso siga siendo selectivo.

Visitar una cervecería Trapense como Orval supone, en definitiva, una oportunidad única para comprender el contexto en el que nacen cervezas Trapenses como Chimay Jaune. En un mundo cada vez más condicionado por lo inmediato y la tecnología, estas experiencias ofrecen una conexión directa con tradiciones que han perdurado durante siglos.

 

El mundo de las cervezas trapenses es mucho más que una etiqueta con un hexágono: es historia, filosofía y una forma de entender la elaboración que ha sobrevivido siglos de cambios y convulsiones. Si después de leer esto te ha entrado curiosidad por saber más sobre los orígenes, los estilos y las abadías que hay detrás de cada botella, tienes mucho más que descubrir en el blog de cerveza Amantes Cerveceros.