Desde sus orígenes, la actual Unión Europea ha recibido críticas por su excesiva burocracia. Esa lentitud en la toma de decisiones no es algo nuevo en el continente, como acreditan antiguos textos romanos o refranes tan conocidos como el que dice que «las cosas de palacio van despacio» —atribuido a la corte española de los siglos XVI y XVII—. El último capítulo de esa aboulomanía ha tenido como coprotagonista a Mercosur, el bloque comercial formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Tras más de dos décadas de negociaciones intermitentes, ambos actores lograron cerrar en diciembre de 2025 un acuerdo político de asociación comercial, ratificado formalmente por los Estados miembros hace solo unas semanas. El pacto, concebido como uno de los más ambiciosos firmados nunca por Bruselas, aspira a crear una de las mayores zonas de libre comercio del planeta, eliminando los aranceles en más del 90 % del comercio bilateral.
Sin embargo, pese al enorme potencial estratégico y económico que representan unos 770 millones de consumidores, el futuro del acuerdo sigue siendo incierto. El pasado 22 de enero el Parlamento Europeo aprobó solicitar al Tribunal de Justicia de la Unión Europea que evaluase su compatibilidad con los tratados comunitarios, las normas ambientales y de protección del consumidor. Esta revisión jurídica podría prolongarse hasta dos años y retrasar o incluso modificar su aplicación.
Las cervezas europeas se beneficiarían de mercados en los que gozan de gran prestigio
Es cierto que el centro del debate público se ha situado en el campo, especialmente por el temor de los agricultores europeos a una mayor competencia de productos sudamericanos a menor precio. No obstante, uno de los sectores que observa el acuerdo con mayor atención es el de las bebidas, para el que el tratado podría suponer un cambio estructural de gran alcance.
La liberalización arancelaria prevista afecta directamente a estos productos, que actualmente afrontan en Mercosur aranceles elevados, en algunos casos de hasta el 35 %. De materializarse plenamente, el acuerdo permitiría a los productores europeos mejorar de forma sustancial su competitividad en mercados como el brasileño o el argentino, donde el consumo de bebidas importadas crece de manera sostenida y los productos europeos gozan de una percepción de calidad y prestigio.
Las cifras ilustran la magnitud del potencial. En 2024, las exportaciones de bebidas de la UE al Mercosur alcanzaron los 498 millones de euros, flujos comerciales lastrados por aranceles. La eliminación progresiva de estas barreras abriría la puerta a un crecimiento significativo de las ventas. Para el sector, el acuerdo no solo implica vender más, sino hacerlo en un entorno regulatorio más estable y predecible, un factor clave para decisiones de inversión a medio y largo plazo.
Materias primas y conflictos con los agricultores europeos
El impacto del tratado sobre las bebidas no se limita a las exportaciones. También tiene implicaciones relevantes en la estructura de costes de la industria europea. Mercosur es un proveedor clave de materias primas como azúcar, melaza, malta o etanol, insumos fundamentales para cerveceras, destilerías y fabricantes de refrescos. Un acceso más fluido y menos gravado a estos productos podría abaratar los costes de producción en Europa y mejorar los márgenes en un contexto de presión inflacionaria y encarecimiento energético.
Al mismo tiempo, este mayor acceso genera inquietud entre los productores europeos de azúcar y etanol, lo que explica parte de la resistencia política al acuerdo. Las organizaciones representativas del sector de bebidas han expresado, en general, un respaldo claro al tratado. Spirits Europe y el Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV) consideran que el acuerdo llega en un momento especialmente delicado para la industria, marcado por la desaceleración económica global, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre comercial derivada de los aranceles impuestos por la administración estadounidense.
Desde esta perspectiva, Mercosur aparece como una vía de diversificación necesaria. «Brasil y otros mercados latinoamericanos no pueden compensar por completo las pérdidas en Estados Unidos, pero representan destinos dinámicos donde las bebidas europeas son muy valoradas», han señalado desde el CEEV, subrayando que cada mes de retraso en la ratificación supone una oportunidad perdida.
Protección legal de estilos, métodos de producción y exportación
Otro elemento clave para el sector de bebidas es la protección de las Indicaciones Geográficas. El acuerdo garantiza el respeto a las más de 350 IG existentes. Estas protecciones, que incluyen la Denominación de Origen Protegida (DOP) y la Indicación Geográfica Protegida (IGP), amparan cervezas específicas con cualidades propias, como la que próximamente obtendrá la 'Flanders Red Ale'.
Por su parte, la Especialidad Tradicional Garantizada (ETG) defiende el valor de recetas y métodos de producción tradicionales y consagrados, entre ellos la fermentación espontánea en la Lambic belga. Esta protección no solo combate las imitaciones, sino que refuerza la diferenciación de los productos europeos y permite mantener precios más altos en mercados donde la competencia por costes es intensa. Para muchas bodegas, cervecerías y destilerías, especialmente pequeñas, este reconocimiento legal es tan importante como la reducción de aranceles.
Complementariamente, el tratado también introduce mejoras en los procedimientos de exportación que afectan al comercio de bebidas. Se prevén trámites aduaneros más rápidos y uniformes, normas de auditoría claras y transparentes, y la aplicación del principio de regionalización sanitaria. Este último aspecto es especialmente relevante, ya que hasta ahora un problema sanitario localizado podía bloquear exportaciones desde toda la UE; con el nuevo marco, las zonas no afectadas podrían seguir exportando, reduciendo el riesgo de interrupciones abruptas en el suministro.
Para un sector como el de las bebidas, donde la continuidad logística es esencial para no perder mercados y respetar contratos, esta previsibilidad representa una ventaja competitiva significativa.
Incertidumbre jurídica y oportunidad estratégica: el camino que le queda al acuerdo UE-Mercosur
Pese a estas oportunidades, el camino hacia la aplicación dista mucho de estar despejado. La decisión del Parlamento Europeo de solicitar una revisión al Tribunal de Justicia ha introducido un nuevo factor de incertidumbre y ha sido un jarro de agua fría para algunos cerveceros. Aunque la Comisión Europea defiende que el texto ya incorpora salvaguardias sólidas en materia ambiental, social y de protección del consumidor, el proceso judicial podría retrasar la entrada en vigor o exigir ajustes. La aplicación provisional del acuerdo sigue siendo una opción, pero políticamente delicada, especialmente en un contexto de protestas agrícolas.
Desde el punto de vista estratégico, Bruselas insiste en que el acuerdo con Mercosur es clave para diversificar las cadenas de suministro, reducir dependencias de socios considerados volátiles y asegurar el acceso a materias primas críticas para la transición verde y digital. El sector de bebidas aparece como uno de los beneficiarios indirectos de una política comercial más abierta y diversificada, al tiempo que se ve obligado a navegar en un entorno político cambiante.
Aunque las cerveceras europeas se mantienen en una posición cautelosa, algunas han comenzado a analizar escenarios de expansión en Sudamérica, a ajustar estrategias de precios y a estudiar posibles alianzas locales, pero sin comprometer aún inversiones significativas. El equilibrio entre oportunidad y riesgo es delicado. El potencial de crecimiento es indudable, pero la falta de certidumbre jurídica y política aconseja prudencia. Aun así, el mensaje del sector es claro: para las cerveceras, el acuerdo UE-Mercosur no es solo un tratado comercial más, sino una pieza clave para asegurar su competitividad global en la próxima década.
En un mercado internacional cada vez más fragmentado, la apertura de un bloque de más de 270 millones de consumidores relativamente cerrado al exterior representa una oportunidad difícil de ignorar, especialmente para productores de especialidades y fabricantes independientes de tamaño medio, que buscan nuevos horizontes sin renunciar a su identidad ni a sus estándares de calidad.
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