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Vuelve el ale tasting: los funcionarios británicos recorren pubs para probar la cerveza

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En una época en la que buena parte de las tradiciones históricas sobreviven convertidas en simples reclamos turísticos o reconstrucciones folclóricas para dar lustre a ferias de discutible inspiración medieval, algunas localidades británicas han comenzado a recuperar uno de los rituales cerveceros más peculiares de la Edad Media: las ceremonias de "ale tasting" o inspección pública de cerveza.

Lo que para muchos podría parecer una excusa pintoresca para que los funcionarios se escaqueen del trabajo posee, en realidad, algunas raíces históricas relacionadas con el control de calidad de los alimentos, la salud pública y el enorme peso social que la cerveza tuvo durante siglos en algunas partes de Europa.

En los últimos años varias ciudades y villas inglesas han decidido devolver a la vida estas ceremonias medievales, combinando reconstrucción histórica, promoción turística y reivindicación del patrimonio local. Marlborough, Warwick o Gloucester son algunos de los lugares donde alcaldes, pregoneros municipales, alguaciles y otros representantes cívicos vuelven a recorrer pubs históricos degustando cervezas ale bajo la apariencia de antiguos inspectores. El resultado oscila entre lo ceremonial, lo cómico y lo profundamente británico.

 

¿Funcionarios municipales recorriendo pubs en horario laboral?

La BBC, la prestigiosa cadena pública británica, siempre atenta a los aspectos más peculiares, ha cubierto la recuperación más reciente. En Marlborough, en el condado de Wiltshire, las autoridades municipales decidieron hace unas semanas reinstaurar una tradición documentada desde el siglo XIV que había permanecido varios años desaparecida.

El evento reunió al alcalde de la localidad, al town crier —el tradicional pregonero—, al beadle o alguacil ceremonial y a los mace bearers, portadores de las mazas simbólicas del poder municipal. Todos ellos recorren distintos pubs de la localidad probando las cervezas servidas en cada establecimiento y otorgando certificados que acreditan su calidad.

La escena parece extraída de una novela de Dickens o de una recreación histórica organizada por Monty Python. Autoridades vestidas con llamativos ropajes medievales entran en pubs centenarios mientras vecinos y turistas observan cómo degustan distintas ales entre bromas y referencias históricas. Sin embargo, detrás de esa teatralidad existe una intención bastante seria: recuperar parte de la identidad histórica de unas ciudades cuya evolución estuvo profundamente ligada a la cerveza y a las rutas comerciales.

Marlborough, de hecho, fue durante siglos una parada fundamental en la gran ruta entre Londres y Bristol. Mucho antes de la construcción de las modernas carreteras, la ciudad actuaba como un enorme punto de descanso para viajeros, comerciantes y carruajes. Sus calles estaban repletas de posadas, tabernas y pequeñas cervecerías encargadas de abastecer a una clientela sedienta y cansada tras largas jornadas de viaje.

En 1852, los registros comerciales de la ciudad contabilizaban varias fábricas de cerveza, numerosas tabernas y decenas de establecimientos autorizados para vender ale. En cierto modo, la recuperación de estas ceremonias funciona también como una reivindicación de esa memoria económica y social.

 

La cerveza, esencial para la vida cotidiana medieval

Los historiadores llevan décadas desmintiendo mitos como el de la "comunión con la naturaleza" de las gentes de la antigüedad. Durante siglos, beber cerveza era con frecuencia más seguro que consumir agua, especialmente en ciudades donde el suministro podía estar contaminado. De ahí que garantizar la calidad de la ale fuese una cuestión mucho más relevante de lo que hoy podría parecer.

Precisamente esa necesidad habría dado origen a la figura del "ale conner" o catador oficial de cerveza. Estos inspectores municipales existían en numerosas localidades inglesas y tenían la responsabilidad de comprobar que las cervezas servidas fueran aptas para el consumo y respetasen determinadas normas de calidad y precio. Su trabajo formaba parte de un sistema medieval mucho más amplio relacionado con los pesos, las medidas, los mercados y los alimentos.

A orillas del río Avon, en el noroeste de Inglaterra, Warwick mantiene viva una tradición de esta clase gracias a su histórica Court Leet, una antigua institución local heredera de los tribunales administrativos medievales. Aunque estos organismos perdieron hace décadas cualquier poder legal real, algunas localidades conservan versiones ceremoniales que siguen organizando recreaciones históricas relacionadas con el control de mercancías y la supervisión de establecimientos públicos.

Al igual que en Marlborough, en Warwick, representantes de la Court Leet visitan distintos pubs de la ciudad y prueban sus ales antes de entregar certificados y ramas de hoja perenne que simbolizan la aprobación oficial de la cerveza servida. Todo ello acompañado por autoridades locales y representantes de otras cortes históricas de localidades vecinas.

 

El mito del pantalón de cuero

Existe un elemento concreto asociado a estas ceremonias que ha generado una enorme controversia: la famosa historia de los inspectores medievales sentándose sobre bancos mojados con cerveza para comprobar su calidad.

La leyenda es extraordinariamente popular. Según esta versión, los ale conners vestían pantalones de cuero y vertían cerveza sobre un banco de madera antes de sentarse encima durante varios minutos. Si al levantarse los pantalones quedaban pegados al banco, la cerveza era considerada defectuosa. En otras variantes, precisamente el efecto contrario indicaba mala calidad. La historia aparece constantemente repetida en artículos turísticos, reconstrucciones históricas y reportajes televisivos.

En Gloucester, por ejemplo, la tradición moderna recuperada en 2003 incorpora exactamente este ritual. El sheriff local y su séquito recorren distintos pubs mientras un ale conner vestido con pantalones de cuero se sienta sobre un taburete impregnado de cerveza durante varios minutos. El evento recauda fondos benéficos y se ha convertido en una de las ceremonias más llamativas de la ciudad. El problema es que probablemente todo sea falso.

El tristemente desaparecido Martin Cornell dedicó años a desmontar esta historia, calificándola directamente como un mito sin base documental real. Cornell sostenía que no existía ninguna evidencia contemporánea medieval que respaldase semejante método de inspección.

Su crítica resultaba demoledora precisamente porque parte del sentido común. Si alguien quiere comprobar si una cerveza es apta para beber, lo lógico sería probarla, no sentarse encima de ella. Las fuentes históricas auténticas relacionadas con los ale conners mencionan repetidamente pruebas y análisis, pero jamás describen a inspectores empapándose los pantalones en cerveza.

El origen moderno del mito parece encontrarse en publicaciones relativamente recientes. Una de las primeras referencias la encontramos en Inns, Ales and Drinking Customs of Old England, obra de 1911 en la que Frederick William Hackwood menciona la supuesta práctica citando vagamente a una autoridad no identificada. A partir de ahí, como en demasiados otros casos relacionados con la historia de la cerveza en Gran Bretaña, la leyenda comenzó a reproducirse una y otra vez.

Cornell señalaba además algo importante: incluso desde un punto de vista técnico, el supuesto método carece de sentido. Si una cerveza tuviese suficiente azúcar residual como para pegar pantalones de cuero a un banco, ese exceso resultaría evidente simplemente al probarla. No haría falta esperar media hora sentado sobre un charco pegajoso. Al mismo tiempo, desmonta la teoría según la cual el método habría servido para distinguir cervezas fuertes de cervezas suaves durante los siglos XVII y XVIII, cuando los impuestos variaban según el contenido de alcohol.

Pese a ello, el mito continúa extraordinariamente vivo. Y quizá ahí reside parte de su encanto. Las ceremonias modernas de ale tasting ya no buscan realmente verificar la calidad de las cervezas británicas. Funcionan más bien como espectáculos culturales donde tradición, identidad local y sentido del humor se mezclan alrededor de la cerveza.

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