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Las bebidas con cannabis arrasan en los supermercados estadounidenses

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Hace apenas unos años, la idea de comprar una bebida con cannabis en un supermercado habría sonado tan improbable como encontrar una Imperial Stout añejada en barrica en una gasolinera. Hoy, sin embargo, las bebidas elaboradas con derivados del cáñamo se han convertido en una de las categorías más dinámicas de la industria estadounidense.

Lo que comenzó casi como un experimento en el seno de pequeñas empresas especializadas en la llamada cultura de la marihuana terminó llamando la atención de distribuidores, fabricantes de bebidas, grandes cadenas minoristas e incluso de la industria cervecera, que observa el fenómeno con una mezcla de interés y preocupación.

Las cifras hablan por sí solas. Según datos de la consultora NIQ correspondientes a las 52 semanas finalizadas el 4 de abril de este año, las bebidas con THC derivado del cáñamo alcanzaron 239 millones de dólares en ventas en el comercio minorista convencional, lo que supone un espectacular crecimiento del 135% respecto al año anterior. El estudio analizó más de 1.170 referencias pertenecientes a unas 200 marcas comercializadas en supermercados, licorerías y grandes superficies.

Por llamativo que resulte, estos datos solo cuentan una parte de la historia ya que el informe no incluye las ventas realizadas en dispensarios de cannabis, en tiendas especializadas o en otros canales alternativos, por lo que el tamaño real del mercado es considerablemente mayor.

En ese sentido, la consultora Whitney Economics calcula que las bebidas con THC movieron más de 1.100 millones de dólares durante 2024, mientras que el conjunto del mercado de bebidas derivadas del cáñamo habría alcanzado 1.375 millones de dólares en 2025. Se trata de un crecimiento extraordinario para una categoría que, en la práctica, no existía hace menos de una década.

El cultivo legal del cáñamo como base del fenómeno

El origen de esta explosión hay que buscarlo en la Farm Bill de 2018. Aunque su objetivo principal es regular la política agrícola estadounidense, esta normativa que el Congreso suele renovar cada cinco años, también establece el marco legal para cuestiones relacionadas con la alimentación, los programas de asistencia nutricional, la conservación medioambiental y el desarrollo rural. Fue precisamente la mencionada Farm Bill de 2018 la que legalizó a nivel federal el cultivo del cáñamo y estableció que las plantas con menos del 0,3% de THC delta-9 dejarían de considerarse marihuana a efectos federales.

Ese cambio en la definición abrió una puerta que pocos habían previsto. Si el cáñamo era legal, también lo eran los cannabinoides obtenidos de él, lo que permitió desarrollar bebidas con pequeñas dosis de THC capaces de producir efectos psicoactivos moderados sin entrar, técnicamente, en la legislación que regula la marihuana.

La industria no tardó en aprovechar la oportunidad. No tardaron en aparecer aguas con gas, seltzers, refrescos, zumos y otras bebidas funcionales enriquecidas con THC. La posibilidad de venderlas a través del comercio convencional, sin limitarse a los establecimientos especializados en cannabis, permitió que llegaran a supermercados y otros puntos de venta habituales, ampliando enormemente su público potencial. Consumidores que nunca habrían entrado en un dispensario se acercaron al cannabis.

Algunos analistas creen que su éxito reside en que no se presentan como productos destinados a consumidores habituales de cannabis, sino como una alternativa social al alcohol. Muchas contienen entre 2 y 10 miligramos de THC, una dosis relativamente baja que proporciona un efecto suave y controlable.

Además, la incorporación de tecnologías de nanoemulsión ha reducido considerablemente el tiempo necesario para que aparezcan los efectos, situándolo entre diez y veinte minutos, muy lejos de la imprevisibilidad que tradicionalmente caracterizaba a pasteles y otros elaborados “enriquecidos” de cannabis.

La alternativa al alcohol de una nueva generación

No hay duda de que las bebidas con THC han llegado en un momento muy propicio y que las marcas que las comercializan han sabido leer muy bien lo que estaba sucediendo. Mientras el consumo de alcohol desciende entre los más jóvenes y el interés por estilos de vida vinculados al bienestar crece, las bebidas con THC se presentan como una forma distinta de socializar.

Prometen relajación, menos calorías que una cerveza y una experiencia fácilmente dosificable. No es casualidad que muchos fabricantes utilicen expresiones como "social tonic" o "social elixir", evitando cualquier estética asociada al consumo tradicional de cannabis.

Otro acierto ha sido una estrategia en la que competir únicamente por el contenido en THC está descartado. Cada vez es más habitual encontrar formulaciones que incorporan otros cannabinoides como CBD, CBG o CBN, junto a ingredientes procedentes del mundo de las bebidas funcionales. El objetivo es ofrecer efectos concretos —relajación, concentración, descanso o sociabilidad— más que una simple intoxicación.

Según el estudio de NIQ, los consumidores parecen responder positivamente, ya que aproximadamente la mitad de los adultos estadounidenses afirma estar interesada en probar este tipo de bebidas. La cifra explica el creciente interés de fabricantes e inversores en el segmento. En cuanto al modelo de comercialización, las tiendas de bebidas siguen siendo el principal canal de venta, con alrededor de 132 millones de dólares, pero los “veinticuatro horas” o las tiendas de conveniencia son los que experimentan el crecimiento más acelerado, con incrementos cercanos al 194%.

¿El éxito de las bebidas con THC a punto de ser frenado en seco?

La expansión de las bebidas con THC ha sido tan rápida que algunos analistas ya las consideran la mayor innovación aparecida en el sector desde la explosión de la cerveza artesanal. De hecho, numerosos productores de cerveza han comenzado a invertir en esta categoría como una vía para compensar los descensos de consumo.

No resulta extraño ya que la cerveza lleva varios años perdiendo volumen entre los consumidores jóvenes y las bebidas con cannabinoides ofrecen una oportunidad de diversificación utilizando infraestructuras de producción y distribución ya existentes.

Sin embargo, cuando la industria parecía preparada para iniciar una nueva fase de crecimiento, llegó el golpe regulatorio. En noviembre de 2025, el Congreso estadounidense aprobó una modificación de la legislación federal sobre el cáñamo incluida discretamente dentro de una ley presupuestaria. El cambio altera profundamente la definición legal de los productos derivados del cáñamo y establece un límite máximo de 0,4 miligramos de THC por envase.

La diferencia puede parecer pequeña, pero las consecuencias son enormes. Una bebida comercial típica contiene actualmente entre 5 y 10 miligramos de THC, es decir, entre doce y veinticinco veces más que el nuevo límite. En la práctica, la inmensa mayoría de las bebidas hoy presentes en el mercado dejarían de ser legales cuando la norma entre en plena vigencia.

Opciones para contrarrestar los efectos de la nueva legislación

Las reacciones del sector ante la medida no se han demorado, interpretándola más como una prohibición encubierta que como una regulación. Además, consideran que las consecuencias económicas de las nuevas restricciones podrían ser eliminar de un plumazo un mercado construido durante años.

Whitney Economics estima que el conjunto del sector de productos derivados del cáñamo con fines recreativos genera unos 28.400 millones de dólares, sostiene alrededor de 300.000 empleos y aporta aproximadamente 1.500 millones de dólares anuales en impuestos estatales. Buena parte de esa actividad depende precisamente del crecimiento de las bebidas.

Ante esta situación, varias iniciativas legislativas intentan modificar la normativa antes de su entrada en vigor. Entre las propuestas con mayores posibilidades de salir adelante figura un sistema que regula el contenido de THC de una forma diferente: establece una edad mínima de compra, obliga a realizar análisis independientes y normaliza el etiquetado. La propia industria insiste en que necesita reglas claras, no la desaparición de una categoría que ha demostrado una fuerte aceptación entre los consumidores.

Mientras tanto, las empresas buscan alternativas. Algunas estudian reformular sus bebidas utilizando cannabinoides no psicoactivos como CBD o CBG; otras valoran trasladar parte de su negocio a estados con mercados regulados de cannabis recreativo, aunque ello suponga renunciar a la distribución nacional. También crece el interés por la exportación hacia países donde la legislación resulta más favorable.

Pese a la incertidumbre jurídica, pocos dudan de que las bebidas con THC han cambiado para siempre la percepción del cannabis en Estados Unidos. Ahora, una lata bien diseñada puede compartir espacio con las cervezas artesanales en cualquier supermercado, convirtiendo un producto antaño marginal en uno más dentro del universo de las bebidas para adultos.

El mundo de las bebidas para adultos vive una transformación fascinante. Si te apasiona este contenido, en el blog de Amantes Cerveceros encontrarás tu sitio. Sigue explorando con nosotros la historia, la ciencia y la cultura que hay detrás de cada trago. ¡Nos vemos en el próximo artículo!