Shellac: la distorsión se hizo carne

Shellac en Playa Club
07/06/2018

Por María Nieto Díaz

Aún era de día cuando las luces del Playa Club se apagaron y los móviles iluminaron el escenario de la sala. La playa de Riazor al fondo despedía el día y dentro centenares de personas se agolpaban con sus Estrella Galicia en la mano para disfrutar de un miércoles viajando en el tiempo, concretamente a aquellos felices y despreocupados primeros años de los 2000, cuando todo era más luminoso y la música indie de corte punk dominaba el cotarro.

Las larguísimas piernas de la guitarrista de Decibelles fueron las primeras en encaramarse al escenario. Tras ellas, la cabellera corta y rubia de su enérgica bateristas, y después, la seriedad del bajo. Los tres conforman un grupo altamente recomendable, capaz de resucitar incluso los sonidos de aquellos primeros singles de Elastica o Garbage: sin pudor, sin prejuicios, ruido del bueno condensado en canciones de 1 minutos escaso. Los franceses eran el aperitivo perfecto para calentar motores en la sala. 40 minuto de explosión sonora absolutamente arrebatadora que sirvieron para convencer a los pocos escépticos de que la noche prometía.

Y con el sol ya invisible en el horizonte, llegaron ellos. Shellac son al sonido indie de los 90 y primeros 2000 lo que la Regente a la literatura española: un clásico imprescindible que, sin embargo, pasa demasiadas veces desapercibido.

Shellac en Playa Club

 

Formados en 1992 en Chicago, como una colaboración informal entre el guitarrista Steve Albini y el baterista Todd Trainer, Shellac se dió a conocer como una banda abrasiva y minimalista, con ritmos repetitivos y pesados. Y parece que los años no pasan por ellos. Con cierto regusto sonoro a los primeros discos de Therapy?, pero con menor peso en las guitarras tan vez, la banda demostró que eso de acercarse a los 30 años de vida tampoco les asusta.

Shellac en Playa Club

Con la batería en primer término y los miembros de la banda crecidos ante la entrega del público -Albini llegó a acercarse tanto al borde del escenario que parecía querer saltar de él-, Shellac llegaban dispuestos a gustar. “You are an unbelivable sexy people”, declaraba su amor a la concurrencia el cantante, para proceder a desgranar algunos de los temas más conocidos de la formación.

El increíble bagaje de Albini -PJ Harvey, Pixies, Nirvana, The Ex, The Auteurs y Page & Plant– ha marcado siempre un punto de inflexión en la banda. Temas cortos, guitarras distorsionadas, ritmos atropellados y una presencia potente y casi asfixiante de la batería como elemento principal.

A ratos estrafalarios e imparables, a ratos poetas algo extraños, la banda alternó los acordes de temas como “Ridding Bikes” o “Prayer to God” con largos discursos, para acabar por arrancar coros con “Wingwalker”, mientras Trainer imitaba a una avioneta sobre el escenario.

Hora y media -algo justa- de directo más que contundente para disfrute de propios y extraños.

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