WOS 2017: la edición ¿más arriesgada? de un festival que rompe moldes

10/09/2017
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WOS Festival 2017

Por María Martín-Consuegra

Fotografías: WOS Festival

Es sabido por los asiduos al WOS que para disfrutar de la vasta y ecléctica propuesta que ofrece el festival hay que ir con los oídos bien abiertos y dejarse los prejuicios en casa. Desde 2014 WOS Festival es una arriesgada apuesta por propuestas urbanas, innovadoras, rompedoras, que se salen de las líneas musicales más comunes y que durante cinco días se apoderan de salas y espacios emblemáticos de Santiago de Compostela. Sin embargo, en su cuarta edición WOS Festival ha ido un paso más allá y ha querido rizar el rizo con proyectos a la cabeza de la vanguardia mundial procedentes de lugares como Egipto, Finlandia o EE.UU. sin dejar de lado los realizados dentro de nuestras fronteras. WOS 2017 ha confeccionado así un cartel donde los sonidos de corte más electrónico han tenido más peso que en otras ediciones.

WOS Sala Capitol

Así lo han demostrado las formaciones que han pasado por el escenario SON Estrella Galicia. Durante dos días el escenario ubicado en la Sala Capitol ha sido testigo de los conciertos de bandas a las que teníamos muchas ganas. Es el caso de los portugueses Sentimental Soccers, que abrieron la noche del viernes en Capitol. Psicodelia, ambient, progresiva… todo ello con un halo de electrónica que tuvo momentos de auténtico clímax.

Les siguieron unos experimentados The KVB con una interesante propuesta audiovisual que sirvió de guinda de un pastel compuesto por trazas de shoegaze, post punk y buenas dosis de sintetizadores. La noche del viernes acabaría con los salvajes sonidos (y bailes) de los finlandeses KXP. Rock industrial, kraut y electrónica para ponerse a tono para lo que vendría después: Tolouse Low Trax, desde la sala Malatesta. Atmósferas hipnóticas con cierta tradición del krautrock para irse bien servido a la cama.

El sábado en la sala Capitol lo protagonizaron sonidos como el kraut, psych space rock de los murcianos Schwarz o Tomaga. Interesante propuesta la de este dúo de Londres, considerado por BBC Radio 3 como “la mejor banda en el Reino Unido en este momento”. Con una sala que aún estaba empezando a caldearse, Tomaga ofreció una buena remesa de canciones inspiradas en sonidos industriales donde tiene cabida la improvisación del jazz o la psicodelia.

Tomaron el relevo Beak > con una (casi) obsesión por hacer bailar al público “Ey, vosotros que estáis arriba, bajad aquí, moveos”, imploraba el bajista Billy Fuller al público que se encontraba en la planta de arriba de la sala. Justo en ese momento, poniendo oído a la conversación entre dos amigos del público, se escuchaba “este tipo es bajista de Robert Plant”. Y así es, el trío de Bristol cuenta en sus filas no solo con el talentoso Fuller, también con Geoff Barrow, de Portishead y Will Young (Moon Gangs).

Una edición más la iglesia de la universidad ha vuelto a atraer a numerosos curiosos que se acercaban hasta allí para admirar la belleza de un espacio rendido a la música. En ocasiones, daba igual la propuesta musical que hubiera en ese momento, porque en general, WOS es sinónimo de criterio musical del que uno puede fiarse. Lo importante, lo realmente emocionante, era ver “lo que fuera” en un entorno de esas características. La grandilocuencia del espacio no restó ni un ápice de intimidad, más bien todo lo contrario, a conciertos como los de Western Skies Motel o al maravilloso cello de Julen Kent. Un espacio que alcanzó su máximo aforo en citas como la del australiano Oren Ambarchi.

A pocos metros de esa iglesia, en la Fundación Eugenio Granell, había ganas de conocer lo que se traían entre manos Za! y Diola. La primera, esperemos que de muchas, colaboraciones de dos de las bandas más divertidas y peculiares de la escena independiente actual. Tal como esperábamos, las sorpresas, el buen rollo, el baile y la improvisación marcaron el concierto que se desarrolló en la tarde del sábado.

Ese mismo espacio, pero el día anterior, era testigo de la prodigiosa voz de Nite Jewell o del locurón de concierto que se marcaron The Dwarfs of East Agouza. Sabíamos que la peculiar propuesta de los egipcios rompería nuestros moldes, pero no sabíamos hasta qué punto íbamos a formar parte de un viaje sin retorno hacia lugares y sonidos a los que difícilmente volveremos algún día. Seguramente ni ellos mismos lo sabían. Y es que la música de The Dwarfs of East Agouza se basa en improvisaciones locas e hipnóticas que impiden apartar la vista y el oído del escenario. Ni aunque se arranque a llover, como fue el caso.

Precisamente la lluvia fue la causante de la reubicación de algunos conciertos y la cancelación de otros en la jornada del sábado. Una lluvia que pese a lo que parecía en un primer momento, acabó dando “tregua” durante la mayor parte del tiempo. Espacios techados como Malatesta, La Montiel o el Teatro Principal, no se resintieron de la buena o mala meteorología. Precisamente ese Teatro Principal fue testigo privilegiado del estreno en nuestro país de la última obra de Robert Henke. Dicen de él que tiene un genio especial para jugar con ondas del sonido creando performances en las que se aúna sonido y visión de maneras innovadoras. Y eso pudimos ver en Lumiere III, su última propuesta. 60 minutos de engañosas experiencias sensoriales. “Todo lo que váis a ver ahora está en vuestro cerebro”, avisaba Henke minutos antes de comenzar la obra. No sabemos en qué lugar de nuestro cerebro recaló lo que vimos, pero podemos afirmar que era de otro planeta.

WOS Festival 2017

Como de otro planeta han sido estos cinco días de actividades, encuentros, proyecciones, coloquios, conciertos… que han acercado hasta Santiago de Compostela otra manera de entender las artes visuales y la música.

¿Ha sido la de este año la edición más arriesgada de un festival que de por sí es arriesgado? Posiblemente sí. Lo que no significa que en 2018 vuelvan a sorprendernos y a romper nuestros esquemas. Eso seguro.