NIÑO DE ELCHE, CHORRO DE CONCIENCIA, por César Luquero

«Voces del extremo” es un trabajo único, un género en sí mismo.

“Voces del extremo” es uno de los sucesos más peculiares de la música popular española reciente. Publicado a mediados de 2015, el sexto álbum de Niño de Elche –Francisco Contreras para el fisco, ilicitano de 31 años– es un trabajo tan celebrado como inusual. Está protagonizado por un cantaor, pero tiene poco que ver con el flamenco. Recurre a la poesía como combustible lírico, pero apuesta por un discurso nada convencional. Plantea cuestiones incómodas, pero genera una irremediable adicción. Pertenece a la estirpe de los discos extraordinarios, sin precedentes conocidos ni posibilidad de sucesión.

 

El 10 de noviembre –dentro del ciclo 981 Heritage– el músico alicantino pondrá fin a la gira de “Voces del extremo”. Lo hará en la Joy Eslava madrileña, secundado por la mayoría del equipo artístico que le acompañó en la grabación del disco: Darío del Moral, del grupo sevillano Pony Bravo, el guitarrista Raúl Cantizano y el productor Raúl Pérez –conocido por su febril actividad en el estudio hispalense La Mina– que se hará cargo de las gruesas cuerdas del bajo, como en los tiempos de The Baltic Sea.

Niño de Elche cierra así el estimulante círculo abierto por “Voces del extremo” para dar paso a otros planes igualmente tentadores. Entre ellos, la publicación del primer álbum de Exquirla, el grupo que ha formado junto al cuarteto madrileño de rock instrumental Toundra. El disco ya ha sido grabado y promete alegrar los oídos de melómanos ajenos a cualquier tipo de prejuicio. Un paso más, aunque no uno cualquiera, en la trayectoria de este artista realmente singular que, con su refrescante apertura de miras e implacable actitud, ha redefinido los márgenes de la heterodoxia.

 

Canción recomendada: «Informe para Costa Rica»

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