El viaje sonoro de Nothing Places en El Sol

Concierto de Nothing Places en la sala El Sol.
11/02/2016 ·

J. Castellanos

Olor a incienso y un ambiente caldeado era el aspecto que presentaba la sala El Sol minutos antes de que Nothing Places subieran al escenario para presentar su nuevo LP. “Tidal Love” es el segundo trabajo de la formación, publicado en noviembre de 2015 por Foehn Records y que desde ese momento ha ido generando una respuesta por parte de público y crítica que se evidenció en una sala con excelente aforo. “Hemos trabajado mucho para llegar hasta aquí”, diría Emilio Saiz -vocalista, guitarrista y líder del proyecto- a mitad de la noche.

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El viaje de Nothing Places ha sido corto pero intenso, el regreso de un proyecto que llamó la atención en 2012 con un primer álbum homónimo en el que el pop se resquebrajaba en pos de horizontes sin límites. En aquel momento el proyecto de Saiz tenía al batería Xavi Molero (Iván Ferreiro, Egon Soda o Refree) como único acompañante. Ahora cuenta con Ricky Falkner (Egon Soda, Standstill) y Martí Perarnau (Mucho, Tulsa, Zahara) en un trayecto a cuatro que dio como resultado la implosión de aquel sonido dirigido por el también guitarrista de Christina Rosenvinge en “Tidal Love” y que ayer aterrizó de forma brillante en la sala El Sol dentro de SON Estrella Galicia.

Pasaban las 22:30 de la noche y subía al escenario los renovados Nothing Places entre humo y tonos azulados que se mezclaban con el violeta. Bastó poco -apenas una introducción y la homónima “Tidal Love”– para demostrar que el cuarteto llegaba a Madrid con ganas de ofrecer un concierto a la altura de ese sonido que Saiz denomina pop revirado y en el que lo aparentemente sencillo se complica para encontrarse con brillantes capas inventadas desde los teclados de Perarnau y la inmensa pedalera de Saiz manejada con maestría.

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El guitarrista se encontraba en el centro, manejando esa pequeña orquesta experimental que ha ideado y reclutado entre lo más granado de la escena nacional. Tras su concentración estaban tres músicos que no podían evitar sonreír con la mueca del que disfruta con lo que hace; ese sonido imprevisible de Nothing Places en el que la calidez se transforma en guitarras aguerridas o una simple estructura pop en psicodelia sumergida. La sonoridad  no hizo otra cosa que expandirse en El Sol mientras los temas sonaban al mismo orden que lo hacen en el álbum. De “Powder In the Gun” a “Randoom Pull” pasando por “Dark Side” antes de recordar el primer trabajo con la impresionante “Teardancer”, enriquecida en su nuevo rol bajo las manos de Perarnau y Falkner. También habría tiempo para recordar “No Time” y “Silent Birds” en un tramo final en el que los músicos se desatarían, traspasando las líneas de los géneros musicales y demostrando que todo el trabajo previo del que hablaba Saiz había dado sus frutos.

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