No ha sido un año cualquiera para SON Estrella Galicia, eso es evidente. Durante 2019 hemos continuado apoyando la mejor música independiente, capturando momentos y experiencias en nuestras salas de referencia y en primera línea de en una exclusiva lista de festivales inimitables. También promoviendo unas grabaciones en las que artistas de diferentes estilos registraban para la posteridad esos insospechados encuentros. Podemos decir que hemos celebrado como bien se merecían estos 10 primeros años, pero faltaba la guinda, y tenía nombre de mujer. Desde el norte (bien al norte), nos visitaba Anna Meredith, encargada de cerrar la gira décimo aniversario en la nueva sala Independance de Madrid.

Allí, al final de un apacible domingo navideño, unos pocos afortunados disfrutamos de un show para el recuerdo. Con la mente en modo vacacional es complicado escapar de la dinámica tradicional de reuniones familiares, inmersos en unos días en los que a pesar de seguir en marcha pudiese llegar a parecer que el mundo dejó de girar. Pero gira, y a veces al ritmo de aventuras como las que propone Meredith. Esta londinense, escocesa de adopción, es lo que podríamos considerar como una artista total. Superdotada para la música clásica, miembro de la BBC Scottish Symphony Orchestra y, para nuestra suerte, proclive a fusionar estilos y mundos a priori tan distantes como la música clásica contemporánea, el pop y la electrónica. Como os podéis imaginar, el resultado es una locura maravillosa. 

Apenas pasaban las nueve de la noche cuando la banda, con Meredith dirigiendo desde un lateral, arrancaba con la apasionada y laberíntica ‘Sawbones’. Electrónica ambiciosa y maximalista que en directo adquiere un peso orgánico más profundo, con guitarra eléctrica y batería pero también violoncello y tuba permanentemente sobre el escenario. ‘Inhalae exhale’ sería el siguiente tema elegido, el primero de la noche cantado por Meredith, que demostraba así esa querencia pop que no necesariamente entra en conflicto con la complejidad de la propuesta.

Y es que a veces la mejor de las actitudes consiste en no darle demasiadas vueltas, y puede que aquí radique precisamente uno de los ingredientes de su éxito. Aunque posibilitada sobradamente para labrararse una carrera de élite alejada del panorama independiente en su vertiente más popular, Anna Meredith decide afrontar cualquier tipo de composición de la misma manera, ya sea electrónica casera sin pretensiones que una obra para orquesta. Una sencillez a la hora de traspasar estilos y normas con la que ganamos todos. Incluso firmaba recientemente la BSO de la serie de Netflix «Cómo vivir contigo mismo». Prácticamente imposible mayor polivalencia.

La artista británica publicaba a finales de septiembre el que ya es su segundo álbum de estudio, FIBS (Moshi Moshi Records, 2019), directo a los primeros puestos de multitud de listas con lo mejor del año, tanto generales como especializadas en música experimental. Pero Meredith ya llamaba la atención con su primer largo allá por 2016. Precisamente de Varmints (2015) saldrían las siguientes canciones elegidas por la banda, ‘Taken’ y ‘R-Type’, antes de volver a su último trabajo con la delicada ‘Ribbons’.

La noche se convirtió en una oportunidad única para descubrir la carrera de una artista que es presente y futuro de la electrónica contemporánea, provista de un sentido del humor y de una pasión impagable con la que enfocar creación musical desde su sentido más visceral. Meredith se despedía recordando su anterior concierto en Madrid (en un desatado VillaManuela), agradeciendo a los que repetían, a los que por primera vez venían a verla y regalando en los bises una enloquecida versión del ‘Enter Sandman’ de Metallica. ¿Qué mejor forma de cerrar un cumpleaños?

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