Texto: María Nieto

Imágenes: Fran Martínez

Lo cierto es que esta crónica debería arrancar con el Cumpleaños Feliz -en cualquiera de sus múltiples y desopilantes versiones-, pero con Sex Museum lo previsible es no hacer previsiones. Los decanos del rock se acercaban a la Sala Mardi Gras para celebrar 20 años de rock en A Coruña, y la verdad es que el directo fue muchas cosas. Y, de entre todas ellas, lo que más fue, fue una fiesta.

Lo madrileños subieron a la tablas de la sala más rockera a este lado de la Torre e Hércules dispuestos a darlo todo, pero no lo que esperábamos. Porque después de cuatro años de silencio discográfico y más de 30 años conservando encendida la llama indómita del rock psicodélico nacional, “Museexum”, el nuevo trabajo de las banda, no fue el protagonista del concierto. El protagonista de la velada fue el rock, en el más estricto sentido de la expresión: versiones imposibles, clásicos atemporales, actitud y muchas ganas de pasarlo bien.

Algo que quedó patente cuando la banda desplegó sus dotes musicales desgranando un mush-up absolutamente demencial que combinaba a Deep Purple y Beasty Boys. Porque si alguien puede son ellos. Porque les sobra talento y espíritu rockero. Porque Sex Museum es EL ROCK, así, con mayúsculas.

Los de Miguel Pardo dejaban así claro que el concierto no era un compromiso. Habían venido a pasarlo bien y este bolo era para ellos. Estábamos invitados, como a una fiesta privada a la que siempre has deseado que te dejen pasar, pero la idea era que ellos disfrutasen. Que, por otro lado, es la mejor manera de garantizar que el respetable va a gozarla; es imposible no contagiarte de esa energía hedonista y derrochona cuando una banda está extasiada en el escenario.

El momento en que Fernando anuncia la intención de versionar “Y bailaré sobre tu tumba” la sala se viene arriba. “Son como unos losers venidos a más, nosotros estamos con Costas”, reivindica. Y la Mardi Gras explota en una fiesta sin fin.

Con “Lucky Man” llega la calma… pero solo en parte, porque la banda no está dispuesta a dejar de liarla. Y, entre distorsión y golpe de batería, unos Sex Museum extremadamente parlanchines y dedicados sueltan perlas legendarias, del tipo “En esta banda somos carne de cultivo de freaks”, o “nosotros elegimos a nuestros padres, y hemos elegido que nuestro padre sea Dead Wood, porque es de esa parte de USA donde nace el frío”.

Más de hora y media de riffs, distorsiones, ritmos imposibles y mucha, mucha fiesta, para celebrar un cumpleaños que, como las buenas fiestas, se nos ha ido de las manos. Y sí, hablamos de los 20 años de Mardi Gras y de los 30 de Sex Museum, pero también de la fiesta demencial y catártica que ha supuesto este concierto absolutamente único, donde hemos podido ver a una banda en estado de gracia y liberada de toda impostura. Y eso, amigos, es el rock&roll… quien lo probó, lo sabe.

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