Texto: María Nieto

 

Olvídense de las ideas preconcebidas. Ni el indie es suave y dulce, ni el rock es seco y duro. El indie rock existe, y probablemente lo inventaron unos chicos de Austin, Texas, hace más de 20 años. Ayer esos chicos -hoy ya hombres- se subieron al escenario del Garufa Club dispuestos a demostrar que siguen en plena forma, y lo consiguieron. Con todos ustedes, Fastball.

Son sinceros y transparentes casi hasta lo asombroso, y así suena su música. Fastball sube al escenario de una sala mermada -el carnaval herculino hace estragos, ya saben- sin importarles lo más mínimo si el público es mucho o poco. Es su público, y es lo que importa. Y ellos, con su decisión y su energía, no pensaban defraudar.

 

 

Así que comenzaron los acordes de guitarra, los rasgueosde bajo y los golpes de batería, y comenzó la magia. Pura adrenalina sonora, buenrollista y dinámica. El sonido de Fastball es claro y alegre, es una noche de fiesta en la adolescencia, es un paseo con los cascos frente a una playa concurrida, es encender la radio y bailar solo frente al espejo. Step Into The Light, su último trabajo después de 8 larguísimos años de silencio es, efectivamente, un salto de fe hacia el epicentro mismo donde se fabrica la luminosidad. Y es contagioso.

Su sonido, energía pura, no acusa en absoluto el paso de los años. No solo no ha perdido fuerza, es que la ha ganado hasta el punto en el que, cerrando los ojos, uno cree estar frente a una banda de virtuosos veinteañeros, cuando en realidad son hombres hechos y derechos los que, después de media hora de directo, preguntan al director de sala “¿cuándo tenemos que acabar? ¿No pasa nada si nos alargamos?”. Se lo están pasando bien y lo transmiten, y el respetable, rendido al entusiasmo que desprenden, lo agradece proclamando, por aclamación popular, que el directo debe prolongarse hasta que no quede un solo tema del repertorio por desgranar.

 

 

Y tanto no, claro -dos décadas de música no caben en un solo concierto-, pero sí que prolongaron su actuación hasta casi las 2 horas. Sonaron clásicos como The Way o Sooneror Later, y nuevos temas como Love Comes In Waves, o Just Another Dream, todos con una fuerza y una energía contagiosas, y cuando la banda se retiró del escenario la aclamación popular les hizo volver. Ya lo hemos dicho, eran su público, y estaban entregados a manos llenas a la fiesta que Fastball estaba celebrando en el escenario.

Casi dos horas de energía contagiosa y pura magia sonora que demuestran que eso del indie triste es un cuento, y que Fastball saben escribir y contar otros, con final mucho más feliz.

 

 

Fotos: Pablo Rodríguez

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