Texto: Beatriz H. Viloria

 

Sufrir un flechazo en la víspera de San Valentín tiene más gracia que seguirle el rollo a la fiesta inventada por grandes almacenes del día siguiente. O quizás la expresión correcta sea reenamorarse, porque es la mejor forma de describir lo acontecido la noche de este miércoles 13 de febrero en Madrid. 

De una parte, los presentes en la Sala 0 se volvieron a enamorar de esos dos héroes de adolescencia, que se la hicieron revivir durante un par de horas. Del otro, parecía que los protagonistas, Antonio Arias y Fernando Alfaro, estaban teniendo una especie de primera cita para volver a conocerse y, seguramente, quererse un poco más. 

Aunque se les haya antojado titular esta gira “El pueblo contra Antonio Arias y Fernando Alfaro”, estos conciertos en los que se han embarcado los dos músicos son de todo menos un juicio. Arias –líder de Lagartija Nick y socio de Enrique Morente en OMEGA, cómplice de Los Evangelistas y creador en solitario– y Alfaro –al frente de Surfin’ Bichos, Chucho y artista por cuenta propia también – se sentaron frente a frente, con una mesa de por medio donde apoyaron las cervezas y con sus respectivas guitarras sobre las rodillas, para entablar una conversación musical, un repaso a las tres décadas que comparten de carreras prácticamente paralelas. Y durante 120 minutos justos hablaron de Leonard Cohen, de Enrique Morente, Los Planetas, camellos y batallitas varias.

 

 

En la charla sin duda existe un guión, pero las canciones y las historias se sucedieron con total naturalidad; además, la pareja de músicos y amigos actuaron como si el público no estuviera presente. Solo estaban ellos dos, descubriéndose uno al otro y las vivencias que llevaron a temas como Dominó, donde Alfaro rememora cómo con 26 años estaba seguro de que iba a morir, hilando las letras a un viejo amigo que recibió el apodo «El Asesinete» (hasta aquí vamos a leer). Complementándose de forma fluida, Arias le dio un toque de slide a La Oración del Desierto de los Bichos, mientras el de Albacete intentaba sacar el gen dormido, el flamenco que tan interiorizado tiene el de Granada, y aseguró sentirse como un guiri tras tocar juntos Melodía y Sombra de Lagartija.

Entre algunas de las revelaciones y la gracia natural de Arias, las carcajadas resonaron en la sala, pero también hubo tiempo para el sentimiento: Alfaro explicó el origen de Sangre en los Surcos, un amigo ya fallecido que dejó sus huellas en un vinilo. De la religión, el flamenco o las drogas («Ahora nos reímos, pero tiene poca broma», apuntó Arias) llegaron a los años de despilfarro de la industria, su posición de «padres de»  y, claro, a Los Planetas, que, en tiempos, fueron unos chiquillos rondaban los camerinos de Lagartija y Surfin’. Y ocurrió, las voces de Arias y Alfaro entonaron juntas Santos que yo te pinte.

Cuesta quedarse con un momento concreto de la velada, y no tendría mucho sentido hacer una detallada transcripción de esta charla entre amigos, pero en los últimos minutos se registraron el mayor número de reflechazos entre el honorable, culpa de Fuerte o Camisa Hawaiana de Fuerza. Y el regreso del maestro Cohen a la conversación señalaba que aquello acababa, con un Aleluya con versos de Soleá de la Ciencia de Morente.

Como si no se conocieran de sobra, Arias y Alfaro.

 

 

Fotos: Le Chuck Studio

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